Notas a la libertad y el sufrimiento

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La imagen del ser humano, descompuesta y tergiversada por la tecnología, donde la imagen ha llegado a reemplazar y usurpar el lugar, de aquello mismo que representa. Esta vez, Dean Haglund en The X Files (Episodio This, 2018).

En uno de los últimos episodios de The X-Files (1993) se nos enseña un ser que ha descubierto que habita en un universo virtual perfecto y que, en consecuencia, su libertad y felicidad no son sino el subproducto de una esclavitud digital. De forma simbólica, en una de las primeras secuencias lo encontramos gritando como la imagen contenida dentro de un dispositivo móvil; es decir como el Hombre prisionero de su propia tecnología. Él, es aquel miembro del equipo de nerds que parecía sacado directamente de Wayne’s World (1992); un símbolo de la generación X, quizás la primera que de forma masiva hizo de la adoración de la tecnología, su nueva religión.

Entonces, quien ve esto; debería preguntarse, más que si su vida es una simulación de algún tipo, si en un sistema hiperorganizado, el individuo solo sería siempre más un prisionero del mismo sistema, que un ser libre. Y un análisis concienzudo debería llevarlo siempre a esta misma conclusión.

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Para un ser todavía no despierto, próximo a abrir los ojos, una grave causa de malestar se encuentra en pensar si actuó con verdadera libertad o solo con falsa libertad. Ya que en la noción de libre albedrío se encuentra su última fuente de sufrimiento.

Empero, al final qué importa qué ha hecho; si ha sido por azar, predeterminación o decisión libre: si ya ocurrió. Lo único que interesa es lo que el ser libre, o que se cree libre, haga a continuación. La pregunta por el libre albedrío solo tiene sentido antes de realizar la acción; no después de que la acción haya sido realizada; pues es evidente que en todo pasado hay más predeterminación y azar que cualquier otra cosa. Que el pasado no pueda ser moldeado es la mayor prueba de lo frágil que la noción de libertad puede llegar a ser, pues ni siquiera los pensamientos están libres de la predeterminación.

La misma pregunta por el libre albedrío solo hace parte de un sentido ilusorio de la libertad. La pregunta de si hay algo predeterminado o necesario o hay cierta posibilidad de elección. Pues lo correcto o incorrecto solo están en el futuro.

Pero al final, no actuar es siempre lo mejor posible, desde un punto de vista energético. Lo que menos entropía agrega al mundo.

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Tomemos el ejemplo de los automóviles: el individuo no los necesita realmente; sino que al contrario, el sistema necesita automóviles para conectar regiones de seres humanos entre sí y acaparar sus recursos; por lo que necesita fabricar cada día más automóviles y preparar a más humanos para conducirlos.

No obstante, hoy día el sistema puede pensar en empezar a prescindir de los conductores humanos. Con lo que en el futuro, los mismos humanos no serán libres de conducir sus propios autos sino que estos se conducirán por ellos mismos; así lo que empezó como un símbolo (más que una realidad) de libertad individual, se convertirá de forma inevitable con el tiempo, en una nueva sujeción o esclavitud al sistema, en esta ocasión, en aras de la seguridad.

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El rechazo del sufrimiento

En el pasado hubo quienes afirmaron que el sufrimiento era solo una ilusión, otra de las trampas del mundo visible. Pero esto parece haber sido olvidado. Hay, en la sociedad interconectada actual, un rechazo profundo al sufrimiento, a todo aquello que involucre el sufrimiento.

La sociedad interconectada rechaza el sufrimiento, de la misma forma como lo haría un niño. No lo soporta, no solo quiere no verlo, sino anular también cualquier posibilidad de que exista. No solo los seres humanos no deben sufrir, tampoco los animales, ni la madre Tierra. No debe haber enfermedades ni muerte. No debe tolerarse ni siquiera el sufrimiento mental. No debe existir el acoso. Todo debe ser reducido a su versión más indolora e insípida. Y se llega así con rapidez a los consensos a los que hubiera llegado una reunión de infantes poco inteligentes.

Se venden mentiras, si estas implican un menor sufrimiento que el que se podría inferir de la realidad objetiva. Se venden analgésicos y paliativos, de forma que las enfermedades no se curen de raíz, sino que sigan reproduciéndose genética o ambientalmente en las nuevas generaciones.

Si la cura implica sufrimiento, incluso la muerte (o la ignorancia) parece algo mejor.

Si de alguna forma la supervivencia implica el sufrimiento de otros, esto debe ser olvidado, o se crean formas de negar este dolor necesario e ineludible, cuando se trata de sostener los sistemas complejos de millones de individuos en que la sociedad se ha organizado a sí misma.

Se hace propaganda del respeto a los animales y demás seres vivos en espacios públicos y privados, para olvidar que debemos consumir a diario su carne y su materia para sobrevivir.

Se hace propaganda de que todos somos iguales, para olvidar los conflictos que se dan de forma inevitable, siempre que chocan grupos o individuos humanos de diversas capacidades.

Se hace propaganda de la libertad, para que la población olvide que no son libres.

Se hace propaganda de la velocidad, para que nadie se detenga y observe alrededor con ojos abiertos.

Pues todo debe evolucionar con la mayor velocidad que se pueda, para que el final, se viva en el mismo mundo, con la mayor rapidez posible.

Mas, mientras a las mayorías se les inculca el rechazo del sufrimiento y el sacrificio, las élites continúan preocupadas por inculcar estos valores en lo suyos.

Retorno a 2049

blade-runner-2049-sufrimiento y libertad
La sede de la corporación Wallace es una especie de zigurat, el interior de una pirámide o un templo. El empleado que recibe a K. tiene incluso algo de monástico; luego la replicante Luv lo guía por una arquitectura en la que se parecen anudar el pasado y el futuro.

En Blade Runner 2049 (2017) hay sobre todo desesperanza, pero también fe. Esta no es evidente en un principio, ya que esta se halla oculta tras la forma, y Blade Runner 2049 es una cinta donde lo que prima es en todo instante, esta misma forma. La fotografía, la banda sonora, el montaje, son sobrecogedores, de tal manera, que el contenido es generalmente eclipsado por la forma; pero no de la manera en que lo consiguen, por ejemplo, las cintas de Transformers, valga decir, excelentes dentro de su género escapista, inmersándonos en un presente fantástico del que no se recordará nada al salir de la sala; sino de una forma más clásica, apelando con sutileza a los sentidos estéticos del espectador, provocando en este sensaciones que permanecerán con él, y que luego podrán ser evocadas de forma intimista.

Entonces, aquel que visualiza, y escucha, puede inferir que hay algo más tras todo eso que ve y oye. E incluso puede encontrar una fe dentro de la desolación del mundo devastado. Pero no cualquier fe, pues es esta una fe incierta en el transhumanismo y en el sistema capitalista. Ante la debacle de todo; de la religión, de la naturaleza, de los propios organismos humanos; lo único que se mantiene en pie y que parece ser lo suficientemente fuerte, es la humanidad, entendida esta como un enjambre o una colmena; unida en la máxima expresión de un sistema.

En efecto, a pesar de la debacle general del mundo natural y del espíritu, las ciudades de los humanos siguen expandiéndose, trepando por las laderas; robando energía del sol y del mar; en apariencia sin objeto, ni fin, más allá de la propia preservación y el mantenimiento del propio sistema que sostiene la vida de sus miembros. Y en estas ciudades que tienden al infinito, se yerguen los nuevos templos de la nueva fe; los edificios de las empresas que a pesar de todo han heredado el mundo.

Desde este punto de vista, de considerar el universo de Blade Runner 2049, más que una fantasía o algo creado para el gozo de los sentidos, un verdadero ejercicio de visualización de las posibilidades del futuro (o más propiamente del hoy), surgen una serie de preguntas, que dado su nata incomodidad, pueden llegar a producir rechazo y repulsa, partiendo de la base equivocada de que 2049 sería una apología o propaganda de tales postulados¹. Pues si bien la cinta no es una crítica ideológica políticamente correcta, tampoco es una alabanza al sistema (el mundo de 2049 es distópico); en realidad se limita (y en esta limitación es donde encuentra su mayor fortaleza; no nos explica ni muestra todo) a mostrarnos una realidad artificial; pero que siguiendo sus propias reglas se torna algo plausible. Dentro de lo que permite el argumento, con su inclinación a la simpatía por los replicantes (pero no por ser artificiales; sino al contrario por identificarlos con nosotros mismos, como espejos de lo que los humanos fueron una vez: ángeles o seres inocentes), Blade Runner 2049 se mantiene abierta, a los múltiples significados que puede engendrar. Y es esta apertura lo que permite el surgimiento de estas preguntas incómodas, una serie de preguntas implícitas que no contienen dentro de sí una respuesta.

Ya se formularon algunas de ellas, pero hay muchas más. Se podría hacer la pregunta, entonces, dada la naturalidad que ha tomado en 2049 lo artificial, si en el punto indeterminado del futuro en el que todo lo que exista sea solo el sistema artificial forjado por los seres humanos; ¿no llegaría a ser natural también, que los mismos seres humanos llegaran a ser modificados para encajar mejor dentro de este mismo sistema? O más allá aún, si al final el mejor sistema posible para el individuo (o el único posible), resultara ser aquel forjado por la ambición de los monopolios capitalistas, en su encarnizada competencia, si esto fuera así, ¿qué nos diría aquello sobre la naturaleza misma de los sistemas humanos? ¿de la propia humanidad y de la naturaleza, en su sentido más extenso?

Que fuera este el mejor sistema posible, aquel al que ha tendido la evolución tecnológica del Hombre; ¿significaría que tendríamos que aceptar por fuerza su existencia? ¿Su moral, valores y consecuencias? Que el individuo, para alcanzar cierto grado de libertad individual, debería resignarse a estar inmerso en la alienación de este sistema; que como premisa necesaria para acceder a los beneficios del sistema, de su propia condición humana, ¿el ser debería paradójicamente ceder de manera voluntaria su propia libertad para resignarse a poseer al menos la ilusión de libertad que le es proporcionada? Y que para la mayoría, ¿sería preferible una ilusión de libertad a una verdadera libertad?

¿Qué, de ser todo esto cierto? ¿Cómo podría el ser luchar contra la fuerza de las masas, que han accedido voluntariamente a ser programadas y controladas por el sistema, para poder existir, dentro de su promesa de abundancia y progreso sin límites?

Es evidente que en este punto el sistema exigiría del individuo no solo su aceptación, sino también la interiorización; pues para que todo esto funcionara, en su apabullante complejidad y fragilidad (en la que un error, dada la escasez de los recursos y el máximo aprovechamiento de estos, podría acarrear la destrucción de millones de vidas y años de trabajo tecnológico) el individuo tendría que convertirse en un agente del mismo sistema, para sí mismo y para sus semejantes. Tendría que creer con todas sus fuerzas en el propio sistema, sin ninguna duda, así como lo hace K. (y como lo hacen millones hoy día, inclinados ante los aparatos tecnológicos rudimentarios que el propio sistema les ha dado para controlarlos, pero nunca gratis), que parece programado para no cuestionar nada de lo que ve.

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En un universo tal, para un ser no doblegado, la libertad que le otorgaría el sistema, representaría su mayor sufrimiento. El frenesí de las compras y el consumo, en el cual el individuo sano para el sistema encontraría su descarga, su satisfacción, así fuera esta pasajera, como K. cuando compra el emanador para Joi (pues este individuo ha interiorizado que así debe ser y que el artículo de consumo ha de ser inexorablemente reemplazado con otro al cabo de unos pocos meses), sería para el ser no doblegado una fuente de inagotable sufrimiento: donde el individuo formado por el capitalismo encontraría su libertad, este otro ser enfermo no vería sino su máxima esclavitud. Donde el individuo que ha interiorizado el sistema dentro de sí encontraría su orgullo; en los artículos o servicios que puede comprar; el ser no doblegado no hallaría más que vergüenza: la vergüenza de depender de este mismo sistema, y de estar inexorablemente ligado a su espiral de dependencia y de corrupción. Pues no existiría ninguna otra posibilidad, no habría otro lugar a donde ir (salvo ir a los eriales de basura donde lo más bajo sería ignorado).

Y es en este punto donde las máximas orwellianas se cumplirían en todo su esplendor: la libertad llegaría a ser la esclavitud. Y la paz la guerra; como la paz solo se podría alcanzar en una guerra silenciosa contra el ser; silenciando toda oposición. Pues, los sistemas políticos y económicos, serían más la expresión de determinadas realidades sociales y materiales, que la causa o condición de estas.

¹ Villeneuve responde a las críticas de ciertos sectores feministas, y quizás es de relevancia en el contexto de este artículo: «¿Qué es el cinema? El cinema es un espejo de la sociedad. Blade Runner no es sobre el mañana; es acerca del hoy. Lo siento, pero el mundo no es agradable con las mujeres. Esto es típico del cinema estadounidense: tu quieres retratar un mundo ideal. Tu quieres retratar una utopía. Esto es bueno, soñar por un mejor mundo, abogar por algo mejor, sí. Pero si tu ves mis películas, estas están explorando más las sombras de lo que hay hoy. La primer Blade Runner fue la mayor declaración distópica del último medio siglo. Yo hice lo que seguía a esto, entonces sí, es una visión distópica del hoy. Lo cual magnifica todas sus fallas». Independent.co.uk. Blade Runner 2049 director responds to criticisms of female characters. Noviembre 27, 2017.

Extractos del manifiesto: La sociedad industrial y su futuro

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Theodore John Kaczynski, más conocido como Unabomber, es un filósofo, matemático y neoludita estadounidense, en prisión en la actualidad.

Sobre la libertad:

93. Vamos a argumentar que la sociedad tecnológico-industrial no puede ser reformada de tal modo, que sea posible prevenir el progresivo estrechamiento de la esfera de la libertad humana. Pero, porque «libertad» es una palabra que puede ser interpretada de muchas maneras, debemos dejar claro primero en qué clase de libertad estamos interesados.

94. Con «libertad» nos referimos a la oportunidad de atravesar el proceso de poder, con finalidades reales, no las finalidades artificiales de las actividades sustitutorias, y sin interferencias, manipulaciones o supervisión de nadie, especialmente de ninguna gran organización. Libertad significa tener control (tanto como una persona o como miembro de un grupo PEQUEÑO) de los problemas de la vida y de la muerte de la existencia propia; comida, vestido, refugio y defensa contra cualquier amenaza que pueda haber en nuestro medio. Libertad significa tener poder, no el poder de controlar a otra gente, sino el poder de controlar la propia vida. Uno no tiene libertad si cualquier otro (especialmente una gran organización) tiene poder sobre uno, no importa la benevolencia, la tolerancia y la permisividad con que este poder pueda ser ejercido. Es importante no confundir libertad con la mera permisividad (ver párrafo 72).

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Sobre el proceso de poder:

33. Los seres humanos tienen una necesidad (probablemente basada en la biología) por algo que llamaremos el «proceso de poder». Esto está estrechamente relacionado a la necesidad de poder (la cual está ampliamente reconocida) pero no es exactamente la misma cosa. El proceso de poder tiene cuatro elementos. Los tres más claramente delineados los llamamos finalidad, esfuerzo y logro de la finalidad. (Todo el mundo necesita tener finalidades cuyo logro requiera esfuerzo, y necesita triunfar logrando al menos alguna de sus finalidades). El cuarto elemento es más difícil de definir y puede que no sea necesario para todos. Lo llamamos autonomía y lo discutiremos más tarde (párrafos 42-44).

34. Consideremos el caso hipotético de un hombre que pueda tener todo lo que quiera simplemente deseándolo. Tal hombre tiene poder, pero desarrollará problemas psicológicos serios. Al principio tendrá mucha diversión, pero conforme siga, estará agudamente aburrido y desmoralizado. Eventualmente llegará a estar clínicamente deprimido. La historia nos enseña muchos aristócratas ociosos, que tendieron a la decadencia. Esto no se aplica a los aristócratas luchadores que tenían que esforzarse para mantener su poder. Pero los aristócratas ociosos y seguros, que no tenían necesidad de esforzarse, normalmente se convertían en aburridos, hedonistas y desmoralizados, incluso aunque tuvieran poder. Esto muestra que el poder no es suficiente. Uno debe tener finalidades hacia las que ejercitarlo.

35. Todos tenemos finalidades; si no hay nada más, obtener las necesidades de vida: comida, agua y cualquier vestido y refugio que sean necesarios por el clima. Pero los aristócratas ociosos obtienen estas cosas sin esfuerzo. La consecuencia de ello es su aburrimiento y desmoralización.

36. El no lograr finalidades importantes conlleva la muerte, si estas son necesidades físicas, y la frustración, si son compatibles con la supervivencia. Consecutivas derrotas al intentar alcanzarlas a lo largo de la vida resulta en derrotismo, baja autoestima o depresión.

37. Así, con objeto de eludir problemas psicológicos serios, el ser humano necesita finalidades cuyo logro requiera esfuerzo, y debe tener un éxito razonable consiguiéndolas.

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Sobre la permisividad:

72. La sociedad moderna es en ciertos aspectos extremadamente permisiva. En cuestiones que son irrelevantes para el funcionamiento del sistema podemos generalmente hacer lo que queramos. Podemos creer en cualquier religión que nos guste (en tanto que no fomente comportamientos que sean peligrosos para el sistema). Podemos acostarnos con quien queramos (en tanto que practiquemos «sexo seguro»). Podemos hacer todo lo que queramos en tanto que sea TRIVIAL. Pero en todas las cuestiones IMPORTANTES el sistema tiende a incrementar las regulaciones sobre nuestro comportamiento.

73. El comportamiento no solo está regulado a través de reglas explícitas y no solo por el gobierno. El control está frecuentemente ejercido a través de coerción indirecta o de presión o manipulación psicológica, y por otras organizaciones aparte del gobierno, o por el sistema como conjunto. Muchas grandes organizaciones usan alguna forma de propaganda para manipular la actitud o el comportamiento del público. Cuando alguien acepta el propósito para el que la propaganda está siendo usada en un caso determinado, generalmente la llama «educación» o le aplica algún eufemismo similar. Pero la propaganda es propaganda independientemente para el propósito que sea usada. Esta no está limitada únicamente a los «clientes» y a los anuncios, e incluso algunas veces no es conscientemente intencionada por la gente que la hace. Por ejemplo, el contenido de la programación de entretenimiento es una forma poderosa de propaganda. Un ejemplo de coerción indirecta: no hay ninguna ley que diga que tengamos que ir a trabajar todos los días y seguir las órdenes de nuestro jefe. Legalmente no hay nada que nos evite que vayamos a vivir a la naturaleza como la gente primitiva o a entrar en los negocios por nuestra cuenta. Pero en la práctica hay muy poco campo salvaje, y en la economía solo hay sitio para un número limitado de pequeños propietarios de negocios. Por lo tanto muchos solo pueden sobrevivir siendo el empleado de algún otro.

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Sobre sus métodos:

96. En cuanto a nuestros derechos constitucionales, consideremos por ejemplo eso de la libertad de prensa. Ciertamente no queremos acabar con ese derecho: es una herramienta muy útil para limitar la concentración de poder político y para mantener a aquellos que lo tienen atrás de la línea, exponiendo públicamente cualquier mala conducta por su parte. Pero la libertad de prensa es de muy poca utilidad para el ciudadano medio como individuo. Los medios de masas están en su mayor parte bajo el control de grandes organizaciones que están integradas en el sistema. Cualquiera que tenga un poco de dinero puede imprimir algo, o puede distribuirlo en Internet o de alguna otra manera, pero lo que tenga que decir será sumergido por el vasto volumen de material lanzado por los medios, por tanto no tendrá un efecto práctico. Es por eso casi imposible para muchas personas y grupos pequeños el hacer un efecto en la sociedad con palabras. Tomémonos a nosotros (Freedom Club) como ejemplo. Si no hubiéramos hecho nada violento y hubiéramos presentado los presentes escritos a un editor, probablemente no hubieran sido aceptados. Si hubieran sido aceptados y publicados, probablemente no hubieran atraído muchos lectores, porque es más divertido ver el entretenimiento lanzado por los medios que leer un ensayo sobrio. Incluso si estos escritos hubieran tenido muchos lectores, la mayoría hubieran olvidado pronto lo que habían leído porque sus mentes habrían sido anegadas por la masa de material a que los medios las exponen. A fin de presentar nuestro mensaje ante el público con alguna oportunidad de crear una impresión duradera, tuvimos que matar gente.

Noviembre

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Los doce patos salvajes, ilustración de Theodor Kittelsen, 1897.

La única libertad verdadera, es aquella que proviene del silencio y la introspección.

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Cada decisión tomada en nombre de la «libertad», tenderá siempre a ser un limitante más de esta misma falsa «libertad».

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Los pensamientos racionales son virus.

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La más extrema alteración del pasado se encuentra en el olvido.

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Todos los errores que un ser bípedo es capaz de cometer en una vida, se pueden reducir en realidad a uno solo: el haber buscado la compañía de sus semejantes.

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La mejor definición de ser humano, es aquella que lo resume en dos palabras; en un animal que camina.

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En la sociedad actual la labor del subhumano parece ser mover cada vez más los límites de aquello que es socialmente permitido, como si pensara, siendo el animal que es, que la verdadera libertad se haya en el exceso.

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La intolerancia se ha convertido en sinónimo de sensatez.

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¿Qué es el subhumano?

El subhumano nace siendo lo que es y lo que ya será. El subhumano de siente naturalmente atraído, siempre en primer lugar, hacia lo más básico de la existencia y sus apetencias son predecibles y vulgares. Se decantará por todo aquello que le exija el menor esfuerzo. En cuanto a su descripción taxonómica, su esencia animalesca es su característica más notable. Es en últimas, un protohumano o al contrario, un humano involucionado. Un Humano verdadero puede caer en la subhumanidad, pero un subhumano jamás será un Humano verdadero.

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La única pirámide verdadera es aquella que pone en la cima a la humanidad, en el medio a los animales, y más abajo a los subhumanos.

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La TV informativa, nos quiere hacer creer que por un lado vemos comerciales y por el otro contenido real; generando una dicotomía engañosa, siendo que ambas cosas, o fragmentos, son dos caras de una misma moneda. Todo lo que se ve en la TV informativa ha sido pagado por alguien para salir al aire, todo tiene el mismo propósito; perpetuar el sistema basado en el dinero y la depredación, y los privilegios de una clase.

Pero los comerciales son el único contenido real, el único que en verdad importa. Los anunciantes representan los intereses de los grupos económicos que están detrás de lo que se llama eufemísticamente, línea editorial.

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Mientras se mueva el dinero todo está bien, y esto es algo que no es comprensible a primera vista, pues puede llevar a aparentes contradicciones.

Pero la única moral de las élites, es hacer más dinero abstracto; quemar la tierra para llenar columnas de números en las bases informáticas de datos bancarios, las únicas extrañamente inmunes a los hackers. No hay nunca ninguna contradicción; su única ideología verdadera es el dinero.

Pero cuando la tecnología moderna caiga, cuando todo sea colapso, cuando no queden más recursos que esquilmar de la tierra; entonces nada tendrá ningún valor.

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Un día los humanos dejaran de reunirse como ratas que escarban entre la basura en sus ciudades, orgullosos de su simiente subhumana y solo aquellos, muy pocos, que puedan conseguir el sustento por sus propios medios, que no hayan olvidado el uso de sus manos y su fuerza, merecerán entonces la vida.

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Aquellos que quieran mantener la pureza de su pueblo bajo la amenaza de un gobierno mundial, han de olvidarse de sus semejantes y concentrarse en sí mismos. Pues el pueblo reside en su sangre.

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Llevar vidas más simples; se puede tener menos cosas y menos comodidades y conservar la dignidad. Se puede tener todo lo que vende la máquina de información y ser un ser indigno y detestable.

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Más que una realidad aumentada, el humano necesita de una forma de sueño aumentado.

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Nadie debería iniciar una carrera, que no esté dispuesto a terminar por sus propios medios.