Notas a 2001

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Dave, stop. Stop, will you? Stop, Dave. 2001: A Space Odyssey (1968)

Los simios de la primera parte son hombres disfrazados. No hay ningún truco ahí. El paisaje es proyectado sobre un telón que está detrás de los actores; y en varios planos es perfectamente visible la textura de la pantalla, como pinceladas de un cuadro. Los huesos parecen huesos reales; los tapires y el guepardo son animales que compartieron el set con los actores. Los humanoides, simples hombres bestia con más aspecto de monstruos que de verdaderos simios. Un guepardo mata uno de los simios, para enfatizar que el hombre no es todavía ni de lejos el centro de la creación. Luego hay un enfrentamiento entre dos grupos, por la posesión de un pozo de agua, que se da más a alaridos y manifestaciones de poder que usando la fuerza. La presentación de estos hombres bestia parece creíble, y no va en contra de nada que sepamos. Que el hombre desciende de las bestias es una verdad aceptada por los contemporáneos. Pero sus ojos ya son ojos humanos, con una esclerótica blanca y una mirada inteligente; y es seguro que la primera bestia que debiéramos considerar definitivamente humana, tendría que tener por fuerza esa misma mirada. Si sus ojos fueran oscuros del todo, como los cualquier otro animal, si no pudiéramos seguir su mirada con facilidad, sería imposible considerar a este, un ser humano. El hombre se expone a sí mismo a través de su mirada y en esta aparente debilidad está también su razón de ser.

En la noche estas criaturas parecen apaciguarse; duermen juntas, refugiadas tras las rocas, e incluso podrían poseer algún tipo de introspección. Sus miradas se fijan en el cielo o el horizonte. Al amanecer uno de los simios despierta, y la ominosa música de György Ligeti acompaña el descubrimiento del monolito. Y el misterio del monolito, es el eje alrededor del cual se articula toda la ficción de Kubrick. Lo que este monolito representa, no obstante, es obvio dentro de la narrativa, un artefacto construido por una inteligencia superior, y cuyo propósito es el despertar de la consciencia; en el caso de los hombres bestia, estos aprenden a construir herramientas, y con el trascurrir de cientos de miles de años estas herramientas alcanzan el espacio, orbitando la Tierra.

En 2001 el ser humano debía haber dado los primeros pasos en la colonización del espacio, habría lujosas bases espaciales en órbita, la Luna estaría habitada de forma permanente y misiones tripuladas viajarían a los confines del sistema solar. Pues aunque no creo en la posibilidad real del viaje espacial, ni del contacto con otras inteligencias, estos fundamentos de física fueron aprehendidos mucho después de que me sintiera atraído por este tipo de ficciones, de que estas anidaran dentro, por decir así; y todavía hay algo de añoranza en mí por un futuro que nunca vendrá.

No hubo naves espaciales ni grandes viajes, pero el primer año del nuevo milenio trajo acontecimientos apocalípticos y profecías autocumplidas, y las Torres se derrumbaron, para que una nueva guerra se desatara. Luego vendría, lo que no fue otra cosa que la intensificación de la lucha contra el espíritu, y la operación de ingeniería social a mayor escala nunca antes vista; cada hombre, despreciable como unidad, se hizo importante como miembro de un grupo, de modo que se pudiera prever y guiar su comportamiento futuro. En este sentido, el filme de Kubrick y Arthur C. Clarke falló; la mayor amenaza nunca fue la guerra nuclear ni la inteligencia artificial, sino la fijación de nodos de control en un sistema de comunicación de alcance global. Y el hombre sigue prisionero de su planeta, todavía en 2019, cuando ya la era dorada de la exploración espacial, en la cual se filmó 2001, apenas un año antes del viaje del Apollo 11 a la Luna, parece algo lejano, perteneciente a otra generación, y por tanto, empieza a tomar ribetes de leyenda, o de mito, en el que las generaciones futuras quizás ni siquiera creerán, o si lo hacen, será en formas fanáticas o mágicas. El pasado desaparecerá, y no existirá otra cosa que el presente; y el pensamiento moldeado a través de las redes sociales y el Internet, en esta forma democrática, se petrificará en ideas fijas e incontrovertibles. Empresas privadas controlarán el espacio entre la Tierra y la Luna y satélites militares no permitirán a nadie entrar o salir de esta esfera del espacio. Este nuevo nivel de consciencia, dentro de una colmena global, no traerá ningún hombre nuevo, nada digno de ser llamado con este nombre; pues el Hombre se disolverá entre sus «iguales».

Notas a Solaris

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Solaris (1972).

Solaris: Rusia vive en el pasado, es el pasado; y solo hay algo más hermoso que el futuro irrealizable y es el pasado que ya nunca volverá a ser.

* * *

Las luces que se apagan.

La presencia del Preludio coral en fa menor de Bach, anunciada en alfabeto cirílico.

La superficie opaca de un estanque, y unas hojas que se estremecen con el viento.

Kris. El espacio. Hari.

* * *

Cuando Hari aparece por primera vez, la cámara enfoca apenas un fragmento de su rostro, no sus ojos, y en este plano, en el centro exacto, un vello sobre su mejilla izquierda resplandece con la luz, como si se nos quisiera expresar que es una copia tan perfecta de la idea que Kris tiene de ella, que incluso está reproducida hasta el último detalle, la última imperfección.

Entonces el plano se abre y vemos sus ojos; esa mirada que luego tendrán también los replicantes femeninos de Blade Runner, y 2049. Unos ojos como hundidos en sí misma, como ausentes de toda memoria. Y su mirada se encuentra de repente con la de Kris, también ausente, incrédula. Ella tiene un peine entre las manos y mueve el brazo tal como él lo ha hecho cuando ha despertado. Ha dormido con su ropa puesta. Y Hari se levanta, su rostro pasa ante la ventana, que está inundada de luz. Su mirada es fría pero apasionada, y no deja de ver a Kris mientras rodea la cama y se acomoda a su lado. Se inclina sobre él y sus bocas se tocan, como sucede en los sueños, cuando la mujer soñada de repente besa al soñador sin que haya existido un momento previo, sin que quizás hasta ese momento se hayan conocido. Ella se tiende a su lado, y él aparta por un momento el rostro, ya no incrédulo, sino iluminado, sus ojos más claros, pero entonces sus párpados descienden, sus labios se entreabren con las palabras que no se atreve siquiera a formular, y él se levanta de inmediato. Hari todavía lo mira, no puede dejar de mirarlo un solo instante, mientras sigue recostada en su lecho y toma una de sus manos. Yo, una vez más pienso en que su vestido, largo hasta los tobillos, es demasiado hermoso. ¿Aquel vestuario estuvo de moda en los setenta o fue diseñado especialmente para esta película? Amarillo ocre, ceñido al cuerpo, con franjas café y de otro amarillo más claro; hay algo en él que le pertenece tanto al pasado como al futuro, a una princesa de la edad media y a una viajera del espacio, al mismo tiempo. No obstante, su mirada se retira cuando Kris le pregunta de dónde ha venido. Es evidente que ella no lo sabe, que su memoria no puede ir más atrás. Entonces ella prefiere no responder.

Las preguntas se agolpan en la cabeza de Kris, sus ojos miran de un lado a otro, su pecho se levanta bajo su camiseta y su chaqueta de cuero. A la repentina ternura le ha seguido el horror. Hari, no quiere saber nada de tales preguntas. Kris recuerda su arma; ahora descansa a los pies de Hari. Cuando trata de tomarla esta roza sus pies y ella se levanta impetuosamente, la pistola cae de la cama. ¿Fue eso, las cosquillas que nunca antes había sentido hasta ese momento o fue porque sabía que el arma estaba ahí? Hari está ahora a sus espaldas. Entonces ella descubre que no tiene zapatos y que la manga izquierda de su vestido está desgarrada. Ve la maleta de cosmonauta de Kris y se arrodilla ante ella, como si creyera que él se los ha traído desde la Tierra, que ha viajado desde allí a traerle sus zapatos, solo eso, pero él le dice que no están ahí. Pero ella encuentra otras cosas, los bienes que Kris ha decidido traer de su hogar, aquellos que no ha dejado a las llamas. Lo más preciado de sus posesiones. Hari lo ha desperdigado todo por el suelo. Debajo de un libro, del que no podemos ver el título, hay un cuadro. Es su propia fotografía, tal como está en ese instante, incluso con la misma capa tejida que ha dejado un minuto antes al respaldo del sillón. Mas, en la foto lleva el cabello suelto, no recogido como lo usa ahora. Bajo el cuadro hay un tomo de Apollinaire, y cerca otro volumen del que solo se lee en italiano Biblioteca escolar. Ella toma el cuadro entre sus manos y de inmediato le pregunta a Kris quién es ella. Se levanta, y al girarse se topa con el mismo espejo tras el traje espacial, en el cual Kris se ha visto a sí mismo antes de caer dormido. Hari mira al cuadro, luego a sí misma. Entonces comprende que la mujer de la foto también es ella. Vuelve el rostro hacia Kris, que entre tanto se ha ocupado del arma. Ella tiene de repente una sensación extraña. Cree que ha olvidado algo. Sostiene el cuadro entre sus brazos, la imagen de la Hari de la fotografía hacia Kris, sus ojos abiertos, su cabeza se mueve de un lado a otro. Ahora es ella la que no comprende. Entonces deja el cuadro y se dirige hacia Kris y le pregunta si la ama. No seas tonta, dice él. Como si no lo supieras.

Kris no soporta más ese encuentro, que ha venido a él como desde el mundo de las sombras. Debe irse. Pero Hari quiere ir con él. Niega con su voz, con sus ojos, con el movimiento de su cabello, con todo su cuerpo. Ella no puede estar sin él. ¿Por qué? Pero ella no lo sabe, simplemente no puede, no está hecha para estar sin él. Hari debe verlo todo el tiempo, como si fuera una niña, según Kris. Atrás, la ventana circular sigue iluminada de blanco como un sol. Él tiene que trabajar, dice Kris a sus espaldas. Hari se lleva la mano a la cabeza y suspira. Sí, es cierto que se está comportando como una tonta. Pero Kris también, ¿qué le pasa a él, andando de un lado para el otro de la habitación con sus paredes recubiertas de rectángulos acolchados, sin bañarse ni peinarse, tal como ese otro desaliñado… Snaut? Entonces Kris se vuelve. ¿Cómo sabe ella de él? ¿Acaso ella no proviene de su mente, acaso no ha existido sino hasta ese mismo instante? ¿Acaso ella no es solo ella? Bien, si quieres puedes acompañarme, le dice. Pero no con ese vestido, necesitas ponerte el traje espacial.

Pero ella no puede desatar su vestido. Su vestido no es sino un vestido falso, una ilusión. No puede desatarse, los cierres son falsos. ¡Ella vino al mundo con ese vestido puesto! El planeta Solaris la ha forjado de sus recuerdos, ergo por supuesto él no recordaba con la suficiente precisión la forma en que un vestido de mujer se abre, ergo el planeta no ha reproducido el vestido en toda su exactitud. Aun así él la sigue tratando como si fuera un ser humano, aunque su razón le diga que su presencia dentro de la estación es algo imposible. Kris retira el cordón que ata el vestido en su espalda y se da cuenta de que no hay ningún cierre, y entonces recorre con sus manos su espalda y da con su manga desgarrada, donde ve con toda claridad la cicatriz de una inyección en su brazo. Hari lo mira por un instante y vuelve a girar el rostro mientras él toma unas tijeras y realiza un pequeño corte en el cuello del vestido. Podríamos pensar que es extraño que esas tijeras estén en sus manos solo un instante después, pues no hemos visto de dónde las ha tomado. Él desgarra el vestido con sus manos y de repente se retira de ella como preso del terror. El sudor corre por su rostro y ella le pregunta mirándolo a los ojos por qué la ve de esa manera extraña. Kris ya no puede mirarla. Recuerda la puerta, que ha trancado antes de recostarse a dormir con un par de baúles plateados. Los baúles siguen ahí, entre las paredes ligeramente curvadas, la puerta no se ha abierto nunca. Cómo es eso posible, que ella esté ahí, tal como la recuerda, cómo es posible escuchar de nuevo su voz y sentir su cuerpo tan cerca de él… ¿Cómo es que el fantasma de la mujer más amada, le produce de pronto esa… repugnancia? Pero no es ella, debe ser otra cosa. La puerta está cerrada. La sombra de Kris pasa sobre la puerta y los baúles metálicos, y la pantalla se oscurece.

* * *

En la segunda parte Hari y Kris entran a un muelle espacial. Hay tubos grises y un anillo naranja. Ambos visten uniformes blancos con cinturones oscuros y botas negras. La luz roja de una sirena da vueltas. Kris se toma la cintura con los brazos. En un hoyo circular descansa un cohete. El suelo alrededor está chamuscado. El resplandor de la luz roja aparece y desaparece de la punta de la nave, mientras el cohete se eleva. Hari observa la nave con desconfianza. ¿Por qué era necesario que ella se cambiara el vestido? ¿No podía ella haber subido con su vestido amarillo? ¿No era ella ignorante de los procedimientos del viaje espacial? ¿O a Kris le pareció esto algo necesario? Que ella no podía subirse a esa nave con ese mismo vestido con el cual la amó… Hari le da la vuelta entera al cohete y mira a Kris. Él abre la escotilla sin mirarla y le dice que entre. ¿Y tú? le dice ella. Voy después, tengo que cerrar la compuerta. ¿Estás cómoda? ¡Ven rápido Kris! Pero él cierra la escotilla y se aleja de la nave. El cohete asciende lentamente sobre la plataforma. La luz roja sigue dando vueltas. Hay humo. La compuerta se cierra automáticamente y Kris se da cuenta de que ha quedado encerrado dentro, y se arroja al piso, detrás de uno de los muros curvos que protegen las puertas de entrada al muelle. El cohete S749 se eleva. Fuego. Las llamas se prenden a la espalda del traje de Kris. Él se arrastra por el piso, gira sobre su cuerpo. Por unos segundos está en medio del infierno. Fuego, humo, y la nave ya no está, se ha ido.

* * *

La ventana circular. Ya no es solo un círculo de luz, ahora hay algo más allá. El océano y el cielo dorados de Solaris, que se extienden hasta el horizonte. En el cristal, hay como un resplandor azul que se desvanece.

¿La nave de Hari, quizás?

A través de uno de los espejos empotrados en los armarios vemos a Kris regresar a su habitación. Su traje espacial está desgarrado por el fuego, todavía humea, y se dirige de inmediato a la ducha. Luego se sienta en el mismo sillón donde Hari ha dejado su capa tejida, blanca, amarilla, café, frente al televisor y los estantes llenos de libros. Entonces el desaliñado Snaut entra intempestivamente. Lo ha escuchado hablar. ¿Acaso ha tenido una visita?

* * *

¿Quién es Snaut? El cibernético de la estación. Es decir, aquel que estudia los sistemas complejos, como el propio planeta Solaris. Se dice que el libro de Stanisław Lem en que se basa el filme de Tarkovsky, es acerca de las hipotéticas dificultades que entrañaría la comunicación con eventuales especies o inteligencias extraterrestres, que ese es el núcleo alrededor del cual gira. La comunicación.

Pero en la obra de Tarkovsky hay más. La idea de la duplicación perfecta de un ser humano se encuentra, colisiona, con la misma necesidad del ser humano por crear copias de la realidad. Y con este tema, también se entrecruza el de la consciencia, como algo que se forja a través de los recuerdos, como la misma segunda versión de Hari advierte, cuando comprende qué es aquello que la separa de Kris; y también la presencia de diversos niveles de realidad a través del filme. La profusión de pantallas, que son como otros recuerdos, la cinta de la fogata que Kris lleva a la estación, la fotografía de Hari, la propia reproducción de Bruegel sobre la que Tarkovsky se detiene con especial atención, la escena del lago congelado que también se solapa en la memoria al final, con la imagen idílica de la laguna en la casa de los padres de Kris; la perturbadora belleza no humana de Hari. Todos estos elementos son como las mismas ventanas de la estación, atisbos hacia otro mundo y la pregunta muda de por qué ese gozo, ¿por qué el ser humano encuentra esa dicha en la reproducción de lo distinto?

Hari ha muerto, casi diez años atrás, y sin embargo él la tiene de nuevo ante sus ojos, como si el tiempo no hubiera pasado para ella.

* * *

Para Snaut la muerte de la copia de Hari es una burla. Incluso la compara con la ira de Lutero, que le lanzó un tintero al demonio. No hay que dejarse llevar por el pánico, dice, mientras cura las heridas de Kris en el rostro. No, no era ella. Una idea, la materialización de su idea de ella, más bien. ¿Es acaso el océano de Solaris que trata de comunicarse con ellos? Todo comenzó después de que sometieran su superficie a experimentos con rayos X. Entonces los visitantes comenzaron a aparecer. Pero Kris debía considerarse afortunado. Era una mujer de su pasado. ¿Qué tal, dice Snaut, que hubiera tenido ante sus ojos algo que solo hubiera podido imaginar? Pero el océano se contentaba con sondear sus cerebros y proyectar esos fragmentos de memoria, de un material átomico distinto al ordinario. ¡Si ella volverá! Sí y no. No, nunca regresará la verdadera Hari, ni su primera copia; pero una nueva Hari vendrá. Eso es seguro. Kris se acerca a la ventana, de nuevo lechosa, llena de luz. Podría haber incluso un número infinito de Haris. No hay por qué martirizarse, dice Snaut. Ya han tenido suficiente con el suicidio del fisiólogo Gibarian.

La misión de Kris es evaluar el estado de la estación espacial. Posiblemente su informe termine con el estudio del planeta. Pero Snaut todavía guarda alguna esperanza en que el contacto sea posible. ¿Y qué si…? En la noche es posible recordar la Tierra, solo pegas estas tiras de hojas a los respiraderos… y escucharás las hojas que se mecen con el viento. Un invento de Gibarian, dice Snaut.

¿Qué importa que no sea el susurro verdadero de las hojas? ¿Qué importa que la nueva Hari no sea la verdadera, si él lo olvida, aunque sea un instante?

Snaut lo espera luego en la biblioteca. Le dará una lista de libros. Kris se quita el uniforme, que está hecho harapos. La capa tejida de la Hari que ha lanzado dentro del cohete sigue sobre el sillón.

¿Qué habrá pasado con esta Hari? ¿Habrá tenido una muerte horrible, en la asfixia o el fuego o se habrá desvanecido en el aire, una vez ya no vio a Kris más?

* * *

Las tiras de papel se mecen mientras Kris duerme en la oscuridad, esta vez bajo el cobertor, y sin su ropa de trabajo. Las botas descansan en el piso, puestas de cualquier forma. Todo está color de bronce. Kris despierta inquieto, como desde una pesadilla. No, no es Snaut. Otra Hari lo observa desde el sillón. Su rostro, tan inexpresivo como el de la anterior, cuando vino al mundo. Ella escucha su voz y se pregunta dónde está. No puede verlo en las sombras. Se levanta. Su voz la guía. La ventana está colmada de una luz amarilla y fría. Ella se quita su capa y luego se arranca su vestido. No es la misma Hari de antes; se diría que las acciones de Kris no solo han traído una nueva Hari, sino también una versión mejorada de ella misma. Ella sostiene unas tijeras en sus manos cuando se despoja del vestido. ¿Lo ha cortado, sabía que tenía que cortarlo? ¿De nuevo, de dónde han salido esas tijeras? Se deja en ropa interior, el mismo medallón cuelga en su pecho, y sobre el sillón hay ahora dos capas distintas, pero del mismo modelo. Kris se yergue sobre la cama y vuelve a recostarse, como con resignación. Ella ha vuelto. La falsa Hari que lo tortura con el recuerdo de la verdadera, está de nuevo ahí. Hari se acerca en la oscuridad. Quizás ha regresado en la madrugada para no aterrar a Kris con su presencia tan sólida. Él le dice que no tema. Ella se tiende a su lado y ambos se abrazan. La escena termina con la boca de otro respiradero, pero este no tiene pegada ninguna tira de papel.

Es de día. El corredor de la estación, rojo y gris. La puerta plateada del camarote de Kris.

Kris abre la puerta. Mira hacia atrás, hacia Hari. Entonces toma de la mesa el vestido de la Hari anterior y su capa tejida y los saca de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. No quiere que esos objetos, a la luz del día, despierten extrañas preguntas en la mente de Hari. No quiere torturarla con ese pensamiento. De que ha habido otras como ella antes. Pero tan pronto cierra la puerta y él le da la espalda, la superficie metálica empieza a temblar. Hari la golpea con fuerza sobrehumana. ¡Se abre del otro lado! grita, pero ella no lo escucha. La puerta se rompe, se desgarra con filos cortantes y ella sale a través, cubierta de sangre, vestida con una camisa amarilla de Kris. Es como un nacimiento. Ella cruza el umbral y cae al suelo, y abraza las pantorillas de Kris, sus brazos cortados, surcados de líneas y de gruesas gotas rojas.

La naturaleza del alien

Alien Bolaji Badejo and Giger
H. R. Giger y el alien, 1979.

¿Por qué ciertas cosas orgánicas producen temor?

Las criaturas rastreras, las lombrices, un mal viento que levanta una hoja sospechosa, prácticamente todo aquello pequeño y viscoso que está animado es capaz de sobrecogerme de repente con un escalofrío. Como si no fuera músculos ni huesos, ni siquiera cerebro, sino ante todo nervios.

Los temores del mundo real son omnipresentes, pero también están aquellos que habitan dentro de lo irreal. Ambos suceden en el mismo nivel, y no hay jerarquía aparente entre ellos.

El terror pertenece a lo vivo, una piedra nunca podría aterrar a nadie, a menos que la confundiéramos con otra cosa. Pero no a todo lo vivo, sino a lo que posee carne. Así los árboles están en los cuentos de terror no más que como un escenario, y solamente se transforman en monstruos cuando dejan de ser solo árboles. Los zombies están muertos, pero se mueven, tanto como los gusanos, las serpientes, o las bestias de una pesadilla. Están dotados de carne.

Qué temor es más importante, el de la ficción o el del mundo real, el del niño que teme irracionalmente a un ser diminuto, que podría aplastar con un solo dedo, o con igual intensidad, a una criatura deforme del espacio, que ve a través de una ventana a la distancia y que por lo tanto es invulnerable, o cuál es una consecuencia del otro, si es cierto que hay terrores aprendidos o todo horror tiene una base física y biológica, y está ya programado en los genes, semeja una tarea inútil. Pero si debiera emprender una exploración tal, tendría que empezar con aquellos terrores de la niñez.

Estaban los gusanos, los nazis reptilianos de V, los siameses de la televisión, que compartían en instantáneas repulsivas la mitad del cráneo o el abdomen, el monstruo criatura de Alien.

Este último parecía personificar la esencia misma del horror.

Vagamente se podría explicar este horror por la combinación sugerente de arquetipos sexuales que posee la criatura en sus diversas fases de desarrollo, desde el huevo carnoso, la vagina volante y dentada, dotada de dedos o garras, a la apoteosis fálica de su forma humanoide, con cola de reptil o dragón y ese largo cráneo sin ojos, solamente una mandíbula extensible de dientes, de la que mana una sustancia viscosa, y que emerge con ímpetu en el momento final; pero es evidente que esto por sí mismo no podría agotar su misterio. Si no, una vez se explicara esto, la película perdería toda su magia, pero esto no suele ser así. Nunca basta. El alien es la quintaesencia de lo horrendo, pues no solo está hecho de carne, sino que cada parte suya, está conectada a un horror carnal; al nacimiento, a la reproducción, y a la carne que se pudre.

Incluso, durante muchos años la exposición continua a la forma de la criatura, no hizo que su horror mermara; como sí lo hicieron las imágenes de vampiros u hombres lobo, que del genuino horror de la infancia pasaron con rapidez a figuras ridículas o en el mejor de los casos, a revestir de interés únicamente como símbolos. El alien siempre preservó cierta pureza, inmune al paso del tiempo, es decir, a que su horror pudiera ser explicado; su materialización en la gran pantalla era tan perfecta que se resistía a la lógica. Provenía de un mundo de pesadilla, oscuro, en el cual la realización de las más altas esperanzas del hombre, como no podía ser de otra forma en una sociedad volcada a lo tecnológico, el viaje espacial, el descubrimiento de otros mundos, conducía a horrores peores que los de la misma Tierra. Tanto como los durmientes que esperan descansar de la crudeza de la realidad en tanto cierran los ojos sobre sus lechos, y luego despiertan en la madrugada, inmóviles, con el peso de una criatura desconocida sobre su pecho; así los viajeros que exploran los confines del espacio, no encuentran nunca nuevas tierras ni nuevos mundos, sino microcosmos de su propia planeta.

El alien, en efecto, es un microcosmos de la naturaleza y la carne, y como la misma naturaleza, su esencia es neutral; no es una criatura malévola o un títere de fuerzas superiores; sino simplemente una posibilidad, una criatura más que ha emergido del azar de la creación; incluso si pensamos en una creación de segunda mano. Y ahí está lo que aparta al alien de las criaturas anteriores; mientras en las historias clásicas de Drácula o Frankenstein, siempre existe un elemento moral, que hace inequívoca la «malignidad» del monstruo, su rebelión contra lo «divino», no podemos decir lo mismo del alien. El alien no se mueve por el deseo de hacer el mal, ni por la rebelión contra el mundo creado, ni por haber desobedecido una vez la voz de Dios, sino que como cualquier depredador, sus actos pueden ser explicados en base a su instinto y biología. No hay verdadera malicia en él, no hay ningún «mal» desde su punto de vista en lo que hace; es una criatura maquinal, pero también de carne. Aunque no se puede negar su parecido con esas criaturas del infierno del Bosco, o con los demonios medievales, también de piel negra; hay algo del arquetipo cristiano del demonio en él, pero desligado de toda espiritualidad; el alien es un demonio como serían estos demonios si existieran en el mundo real, y devoraran gente. Pues son demonios sin cielo. Y el alien, como aquellas criaturas del infierno, es la representación de la carne; de la esencia carnal de la realidad, sobre la que el lenguaje construye su universo de castillo de naipes. Pues no hay otra realidad, que podamos conocer, que aquella que es percibida por la carne y mediante la carne; por los ojos y su masa gelatinosa y blanca, por el tacto de la piel porosa, por los pequeños huesos que dentro del cráneo perciben los cambios de presión en el aire.

El horror de Alien no es en este sentido producto tanto de la criatura sino de lo que esta implica; un universo material, sin Dios, en el cual no hay bien ni mal, no hay sortilegios mágicos, ni hechizos u oraciones que sean útiles para librarse del mal, no hay balas de plata, ni ajo, ni agua bendita, ni poder en la palabra sagrada; la teniente Ripley se encuentra en lo profundo del espacio, pero también dentro de la psique arrasada de la condición humana. El horror de Alien no nos solicita como paso previo que creamos en lo sobrenatural, sino que emerge de la misma naturaleza, y por esta razón, es inevitable. La mente sensible no tiene armas con las cuales enfrentar a este horror racional y frío. La única forma de apartarlo de sí sería dejar de creer en el milagro de la pantalla y de la representación; pero una vez que hemos entrado en este juego, no hay escapatoria posible.

* * *

O al menos, eso pensaba, que el horror por la criatura nunca se desvanecería. Todavía, hace pocos años, jugando la versión de Sega de Alien: Isolation, las tempranas apariciones de la criatura me llenaron de terror; y mi inmersión en la aventura gráfica fue tan absurda, que fue como si creyera que iba a ser devorado por los pixeles, y en las noches volvía a tener pesadillas con lo que sucedía en la pantalla. Este temor a ser devorado, ha de residir en lo más profundo de la consciencia; o está ahí implantado, mucho antes que la misma consciencia, y cuando esta llegó, mucho después, todos estos horrores del mundo natural, ya residían ahí, como los auténticos dueños del cuerpo.

Pero nada es permanente, ni aun el temor más puro.

Una tarde tuve la idea de ver los documentales del DVD, y luego, ya no pude ver la criatura de la película original de la misma forma; pues todo tuvo al fin una explicación lógica: la forma extraña del alien, sus largas extremidades, su ritmo insectívoro, su parecido a una Mantis religiosa. Todo esto se debía a que no era una verdadera criatura, ni un armatoste animatrónico, como había creído de niño, sino algo más insospechado. ¿Cómo no me había dado cuenta antes de esto? ¿De que el alien era un hombre en un disfraz? Pero ahora lo sabía y cuando volví a ver la película, siempre que vi al alien de cuerpo completo, cosa que pocas veces sucede en la primera película, más que por fracciones de segundo, pues ahí reside una de las grandes virtudes de Alien, y de su dirección, su respeto por la criatura, la forma dosificada en que nos expone a su presencia, yo no vi ya al alien, sino a un hombre negro y de movimientos torpes, de aspecto enfermizo a pesar de su altura y corpulencia, disfrazado de criatura del espacio. Un hombre nigeriano, alto y de huesos largos, envuelto en látex, que incluso tuvo un nombre, Bolaji Badejo; un hombre que murió de anemia de las células falciformes, una enfermedad genética, a los 39 años. La magia de la criatura desapareció por una vez, como sucede siempre cuando se descubre el truco de un prestidigitador. Y con la magia se desvaneció el terror. Y yo había sucumbido durante años a esa ilusión, a que esas extremidades eran demasiado largas y desproporcionadas para que el alien fuera simplemente un hombre en disfraz. Y he aquí que todo esto ya había sido pensado con anterioridad, y formulado con estas mismas palabras. Qué mejor forma de esconder que se trataba de un disfraz, pensaría Ridley Scott, que ocultar dentro a un hombre deformado. Todavía podía presentir racionalmente la película, como una de las mejores jamás hechas, una de las más capaces de impresionar su público; pero cierto aspecto inconsciente se fue. Yo solo veía ahora al hombre negro. Era como cuando ya no se creyó más en la Navidad; el perder algo mágico en cuyo lugar queda un vacío.

Siempre hay algo de magia en el hecho de creer en algo ciegamente. De otra parte, las escenas de índole sexual parecieron más brutales, y terribles; y sobre todo el violento ataque del androide a Ripley, que casi nunca es mencionado en los análisis, focalizados casi siempre en las violaciones masculinas del alien sobre la tripulación; como si las mujeres hubieran sido inmunes a su horror, o el alien una especie de justiciero feminista. Pero es cierto que en este caso, el ataque proviene del androide y no del propio alien.

Lords of chaos: la versión oficial de la verdad

lords of chaos
Lords of Chaos (2018). El metahead, una vez más es presentado como un joven confundido, que con algo de reeducación, puede convertirse en alguien útil al sistema.

Una película sobre Mayhem y Burzum, y su desagradable música para el oído promedio, parecía impensable pocos años atrás, y menos aún alguien llegaría a imaginar que esta vendría en la forma de una producción de presupuesto respetable y con actores de Hollywood dentro de su reparto. ¿Un sueño hecho realidad? ¿Podría esto ser posible?

Pero Lords of Chaos (2018), trata de todo, menos de la música. Entonces, ¿porqué ese afán mercantil, dentro de un género marginal, que no llega a opacar la música basura que lidera, por decir algo, las listas de Spotify? ¿Acaso el mundo se ha diversificado tanto que ahora incluso los metaleros más radicales tienen cabida dentro de su sistema arco iris? ¿Acaso ya nadie se siente ofendido por su apariencia grotesca, sus cruces invertidas y sus historias de venerables iglesias noruegas en llamas, o sus llamados a darle la espalda al mundo moderno?

(Let’s find out…)

Es un hecho que la música extrema ha sido en gran parte asimilada durante este siglo por la industria del entretenimiento, a través de su entramado de sellos «independientes», muchos propiedad de grandes casas disqueras. Pero la creación de este nicho masivo de consumo no vino sola y aquellos que invirtieron allí, no han tardado en  querer adaptar sus estándares ideológicos a los diversos estilos, en cuanto a lo que es o no permitido, o susceptible o no de ser vendido; lo cual no ha sido tan chocante en estilos comerciales como el heavy metal o el power metal, pero en cuanto al black metal, con sus posturas radicales, la intención de convertir sus sonidos agonizantes y estruendosos en algo mainstream, en una nueva era de corrección política e hipersensibilidad, se siente como algo extraño.

Esto se comprende mejor, si se entiende que en un universo de globalización y «transparencia» electrónica, donde todo deja una huella en forma de datos, ya nada puede permanecer oculto, y cada palabra e imagen, es examinada en busca de aquello que no comulgue con las creencias establecidas de determinados grupos, y por ende, deba ser censurado, al tiempo que se busca su asimilación dentro del «pensamiento único». Así, por ejemplo, mientras los Social Justice Warriors, han expresado cierta tolerancia hacia el death metal, que siempre se ha defendido de las acusaciones de misoginia o misantropía de ciertas bandas, como Cannibal Corpse, equiparándose con las películas o libros de terror, y reduciéndose así a otro modo de entretenimiento de las masas, el black metal no ha dejado de ser fuertemente cuestionado, o simplemente ignorado o ridiculizado por la militancia de algunas sus vertientes más extremas, como el NSBM, o incluso el pagan/black metal, marginando estos estilos del nuevo impulso comercial del género.

Pero esto no es suficiente para el sistema. El sistema debe denigrar a todo aquello que se le oponga, incluso pasivamente.

Esta censura invisible es tan omnipresente que ha ocasionado incluso el surgimiento de una nueva generación de músicos, que ya no se sienten identificados con el satanismo o la profunda misantropía de las primeras bandas, o su simpatía por ideologías de derecha, y rechazan este pasado, casi que por instinto. Aunque siguen valorando el aporte musical de los pioneros de los ochenta y noventa, han decidido apartarse de su legado, optando por temáticas más neutras, personales, poéticas, o hasta políticas, algunas incluso desde un punto de vista eco-anarco-hippie-comunista, destilando un nuevo black metal, que ya no tiene nada de agresividad, y que ha sido bien recibido por los medios, al someterse a los pilares del nuevo orden globalizado, siendo políticamente correcto, y por ende, apto para ser vendido a las masas. No obstante, un doble rasero es evidente en que a las bandas sí les sigue siendo permitido expresar odio; pero este odio solo puede ser dirigido a determinados entes, que han pasado a perder su importancia en el Nuevo Orden, o se han convertido en meras estructuras moribundas, el cristianismo, los pueblos europeos, el totalitarismo, mientras que atacar otras religiones monoteístas puede significar la muerte comercial de un grupo, o incluso conllevar acciones legales en ciertos países, lo cual ha puesto a muchos músicos contra la pared, quienes no han tenido más remedio que matizar sus declaraciones del pasado para evadir esta persecución, dando lugar a casos realmente ridículos, como los de Graveland o Inquisition.

De este modo el black metal satanista y nihilista, en tanto no representa ningún peligro para el sistema, e incluso sirve a sus fines, expandiendo el derrotismo y la degeneración, pues es evidente que las masas solo se quedan en lo superficial, y no indagan más allá, es tolerado, mientras que un nuevo black metal, hipster o hippie o ambos, consigue cada día más adeptos fuera de su público tradicional, convirtiendo al black metal en algo distinto de lo que una vez fue, una mera parodia, o más bien exponiendo que esta escena ha estado siempre más interesada en lo teatral, que en genuinas filosofías ocultas, o visiones radicales. En este sentido, es quizás mejor y bienvenido que los nuevos músicos prefieran escribir desde su interioridad, muchas veces evitando de forma consciente asuntos polémicos, que simplemente usando estos temas para llamar la atención. La música debiera ser evaluada exclusivamente desde un punto de vista artístico; y no tendría por que estar restringida, como ningún arte, por una suerte de censura no oficial, en la cual todo aquel que se aleja de la ideología dominante, es apartado de inmediato del canon.

Si contrastamos esta realidad con los comienzos de los noventa, cuando la industria todavía no había tomado el control del black metal; la música que surgió entonces en Noruega, puede entenderse como una auténtica reacción a una sociedad de paz y abundancia, donde el socialismo de Estado, había alcanzado una utopía, el pináculo de su evolución, pero al precio de privar al ser humano de su esencia, reemplazándola con una versión global. Luego, el satanismo que fue popularizado a partir de la segunda ola del black metal, por los imitadores de Darkthrone, Burzum y Mayhem, quienes en sí nunca se declararon «adoradores de Satán», puede que parezca en efecto hoy día algo patético o sin sentido; en una sociedad donde el cristianismo y cualquier religión son ridiculizadas, estas virulentas posiciones anticristianas, solo perviven de forma útil en el cuerpo de creencias de precisamente la izquierda radical liberal y progresista, que se ha hecho con la voz de casi todos los medios de comunicación, y que es financiada por el capital.

Empero esta fuerza aparentemente negativa, tenía también un aspecto afirmativo, y este era el enaltecimiento de la naturaleza y los ancestros. Y es esta otra cara del black metal, que es antiprogresista y que dirige la mirada al pasado, oponiéndose de este modo a lo global; es esto lo que ha llamado la atención del capital, y que ha de limpiarse. Pues todo ha de ser inofensivo y claro en en el mundo de hoy. Ya no hay lugar para el orgullo, o la glorificación del pasado, a menos que este se base en lo bajo; los siervos del orden global deben vivir en vergüenza de lo que son, y aspirar a ser reemplazados por máquinas, o nuevos humanos modificados por químicos o implantes electrónicos, o simplemente permitir que sus poblaciones sean superadas por otras más vigorosas. Que exista todavía dentro de un género musical, algunas personas que cantan al paganismo o las conquistas vikingas, que glorifican la guerra y la confrontación, y no la paz de los borregos, y que es explícita en su desprecio hacia el mundo moderno y su «democracia», es incómodo para aquellos que quieren establecer a toda costa su visión homogénea del mundo. Solo, dentro de esta dinámica, se puede entender el interés de los últimos años por crear películas con el black metal como su temática principal, y que principalmente se lo presente desde un punto de vista cómico e incluso denigrante; pues ellos, quieren presentarlo así.

En efecto, el mensaje de Lords of Chaos es  que el típico metalero es una especie de individuo estúpido y alienado, que solo abre la boca para decir incoherencias y que en las noches corre por las calles gritando vivas a Satanás sin ningún sentido, mientras destruye propiedad pública. Una mera curiosidad; o algo de lo que reírse en el presente, cuando nadie cree en Dios o en el Diablo. Quemar iglesias, especialmente templos cristianos, se ha convertido en una mera broma con el paso del tiempo, y en Lords of Chaos los incendios se presentan de una manera divertida y ligera; no había nada malo en quemar iglesias, parece decirse, aquello fue una mera anécdota, algo bueno, que hicieron unos jóvenes confundidos, aunque por las razones equivocadas. Pero el asesinato de homosexuales es otro asunto, y la banda sonora de la cinta se torna triste y dramática por primera vez en el momento en el cual el director nos enseña su gusto por el gore. Pero si desde el punto de vista de rigor histórico e ideológico la película falla, no menos lo hace desde el sentido artístico. Ninguno de los personajes tiene profundidad, son meros maniquíes, y apenas Varg y Euronymous son retratados con algún tipo de visión psicológica, si bien sus representaciones están más allá de cualquier idea que se tenga de la realidad. Así, presentando a Øystein «Euronymous» Aarseth como un buen muchacho, que ruega clemencia con su cara de ángel en el último momento, y a Varg, en forma de un joven gordo inseguro, con delirios de grandeza y misoginia enfermiza, que tiene incluso un estúpido guardaespaldas, y tan malévolo que hace ver bien a Hitler (que como todos sabemos no era ni siquiera humano); y presentando la amenaza de muerte de Aarseth al Conde, como una simple broma, el sistema se hace con la versión oficial de los hechos apta para ser enseñada a la nueva generación de analfabetas funcionales, incluso inventando una escena final llena de detalles, sobre lo que nadie nunca sabrá nada con seguridad. Pues lo importante es divertirse y beber hasta la ebriedad, y preferir la leche con chocolate al alcohol, parece algo malvado y espeluznante para el estándar de hoy, algo propio de los fascistas.

Para cualquiera que haya leído la versión de esta historia que es contada en Burzum.org o visto los videos de Vikernes en Youtube, aunque no se lo tome por algo imparcial, o es más, documentales como Until the Ligth Take Us (2008), donde los protagonistas de esta historia presentan una imagen por completo opuesta de Aarseth, es evidente que esta cinta de Vice es únicamente una seria falsificación histórica, que es presentada en forma de comedia para que sus mentiras y medias verdades penetren mejor en el público. Jonas Åkerlund, el afortunado baterista de sesión de algunos meses de Bathory, hasta que Quorton debió despedirlo, por su poco interés en la música extrema, ha conseguido entonces su objetivo, no tanto hacer una buena película, algo que parece más allá de sus habilidades de director de videos, vista también la mediocre Polar (2019), sino presentar esta argucia, «basada en verdades y mentiras», como una historia real en la BBC, y por ende, a las nuevas generaciones de borregos.

Ideologías

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NPC Meme.

Los buitres humanos están siempre allí, volando sobre la carne de cerebro podrida, en busca de inocular sus virus a la primera oportunidad.

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Pues toda ideología es una forma de temor, y el mejor argumento contra cualquier ideología, es la muerte.

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El crimen de pensamiento es una contradicción en sí mismo, ya que ¿cómo puede culparse a cualquier persona de algo que no le pertenece? Nadie es el verdadero dueño de sus pensamientos.

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Mas, la libertad de pensamiento es una ilusión pasajera. Los humanos provienen de máquinas de carne y su destino evolutivo es convertirse de nuevo en máquinas, en meros engranajes de un aparato social y tecnológico.

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En 1984 Orwell nos enseña a temer el futuro, un futuro donde tendremos que ocultar nuestro pensar incluso de nosotros mismos. Un tiempo donde escribir un diario se convertirá en la empresa más peligrosa y criminal. Una vez erradicado el crimen de acción (es decir cualquier posibilidad de alterar de forma violenta el statu quo), debido a avances tecnológicos en reconocimiento personal y traza en tiempo real de objetos y productos, lo que seguirá será la persecución de las ideas incorrectas. Pues el sistema, sostenido a través de la interdependencia, nunca podrá relajarse, so pena de su colapso interior.

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No odiar, ser inmunes al odio que viene desde los extremos ideológicos abstractos de la sociedad interconectada, no debe distraer de la verdad.

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No es lógico el querer liberarse de la sociedad que asegura la propia supervivencia, e ir en contracorriente pareciera carecer de todo sentido práctico para el individuo. ¿Entonces, qué nos dice este pensamiento sobre la lógica, cuando es evidente que en determinados momentos la lógica se opone en todo sentido a lo que para el propio ser, es por completo evidente?

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Es extraño como toda persona inteligente y sensata hallada al azar en la web, termina siempre dirigiendo su mirada con escepticismo, al pasado.

La naturaleza del poder femenino

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The Neon Demon (2016).

El peligro que yace en la implantación repentina de una sociedad de corte matriarcal feminista, reside en que el género masculino de la especie han tenido miles de años de evolución biológica y social para limitar su deseo de poder, mientras que el género femenino no posee ningún acervo genético ni social en este sentido. Estando en una posición de poder, las mujeres tenderían a creer que su poder no tiene ningún límite, con lo que pronto se llegaría a una situación, no solo de mayor opresión de los de arriba sobre los de abajo, sino también de opresión sobre los varones, de parte de las mujeres. Y al final la opresión masculina (bastante limitada en realidad en la actualidad occidental) no sería reemplazada por ningún tipo de justicia de género, sino por un tipo de opresión contraria. Con lo que el equilibrio de poderes al final volvería a su posición inicial, es decir, de un grupo que oprime a otro, que es la única organización natural del poder.

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Cuando Galadriel rechaza el Anillo, en la obra de Tolkien, Galadriel comprende esto, que la naturaleza del poder femenino, solo puede manifestarse en un poder que no conoce de límites. Y por esta razón lo rechaza.

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El poder, como se ha escrito anteriormente, solo puede interesar a aquel que está imbuido en la realidad material y que por lo tanto, ha aprendido a obrar de forma psicópata, es decir escindiéndose en un ser no humano y otro humano. Pues de otra forma no podría mentir, o infligir sufrimiento a grandes cantidades de seres humanos, sino haciéndolo en nombre de sus ideas o apetencias, y no como el ser humano que simplemente es.

Humanidad y Nuevo Orden

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The Void (2016).

Es un pecado pretender sacar las palabras de su contexto, o de su propia lengua. Nada de lo escrito, incumbe más que al que lo escribe y su entorno. Cada nueva era necesita su propia filosofía, así como su propia lengua, para entenderse a sí misma. No existe ninguna humanidad universal, como tampoco una cultura o biología universales en todos los hombres.

No existe ninguna «humanidad». La humanidad es un concepto abstracto, sin ninguna correspondencia con la realidad.

Cuando aquí mencionamos a la «humanidad» generalmente lo hacemos para señalar a la parte más avanzada de la especie humana. Dependiendo del contexto, este grupo puede ser más o menos incluyente.

Decir la historia de la humanidad o el futuro de la humanidad, más allá de un sentido muy amplio o general, solo puede llevar a sinsentidos. No ha habido nunca ni existirá un conjunto unitario de la humanidad, sino grupos humanos aislados o menos aislados unos de otros. Pensar en una sola humanidad, es negar toda la verdadera diversidad genética y material de los grupos humanos.

No obstante, el Nuevo Orden Mundial quiere revertir esto, haciéndonos a todos seres iguales, nivelados por lo bajo en pensamiento y acción. Un pensamiento único, una humanidad única, tal es su objetivo final.

La creación de seres robot.

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Aun así, el Nuevo Orden ha sido celebrado por las masas y su implantación no es algo que pueda ser evitado a largo plazo sin revertir del todo la base errada en que se ha fundado la civilización. Su triunfo no es sino una consecuencia lógica de la evolución humana en una especie social, diferenciada en sus clases de obreros, zánganos y reinas. No en vano, la sociedad de hormigas, un Estado piramidal, es su molde.

Este Nuevo Orden, al igual que el cristianismo, del que es su hijo más útil, pretende cobijarnos a todos bajo su brazo, no importa ninguna diferencia, todos son bienvenidos a él. Por eso, no extraña que haya sido celebrado al igual por izquierda y derecha, ateos y cristianos, negros y blancos, mestizos e indios, mujeres y hombres.

El Nuevo Orden nos quiere a todos dentro de su seno, como un nuevo mesías con las mil cabezas de sus profetas falsos. Todos caben por igual dentro de él, siempre que acepten con alegría su lugar dentro de la realidad material.

Pues, nunca hubo un verdadero enfrentamiento entre este Nuevo Orden y las doctrinas cristianas. Y es por esto, que la iglesia cristiana asimila sin mayor dificultad dentro de sí todas sus ideas: pues ella misma ha sido la precursora de las más modernas instituciones globales.

Pero solo uno puede prevalecer, y por esta razón es que el Nuevo Orden finiquitará al cristianismo, para simplemente, suplantarlo en todas las esferas.

Entonces se instalará como el único culto, la única religión verdadera.

Águilas y hormigas

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Empire of the Ants (1977).

El mero hecho de ser humano está en la asociación con los otros. De tal modo que los hombres han estado siempre, más cerca del camino de las hormigas, que de aquel de las águilas. Cada águila es idéntica a todas las otras águilas —y también un igual entre ellas— pero a la vez, un mundo en sí misma. Mientras que cada hormiga, no es sino una masa ínfima de su colonia, que se repite hasta el infinito, sin ninguna variación ni consciencia.

Postales para un futuro que no vendrá

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La quimera del viaje interestelar en Alien: Covenant (2017).

Conforme la inteligencia artificial se implemente en más entornos de producción, la necesidad de trabajadores cualificados con alto coeficiente intelectual se reducirá, con lo que los empleos empezarán a ser copados por una nueva clase de trabajadores, de menor coeficiente intelectual. Este proceso de selección negativa dejará por fuera del sistema a los más competentes y preparados, incluso en carreras hoy altamente técnicas, y en determinado momento el sistema preferirá utilizar seres más manejables y menos inteligentes en su aparato productivo. La inteligencia humana devendrá entonces con el tiempo, en un lastre para la sociedad que se organice alrededor de una hipotética inteligencia artificial.

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El viaje a la Luna: la gesta más inútil de toda la historia. Un viaje costoso a un lugar muerto, donde ningún humano podría sobrevivir, siendo humano. Tan inútil y oneroso que cincuenta años después, todavía nadie ha querido regresar.

Pues el viaje interestelar no es en el fondo, más que una fantasía, un cuento de hadas.

El ser humano está biológica y espiritualmente adaptado a la gravedad y atmósfera de su planeta, y para conquistar otros mundos lo primero que tendría que hacer es dejar de ser humano. Esto lo conocen los adoradores de la singularidad tecnológica, pero el mayor error de estos posthumanistas, es pretender que una creación desviada como es el hombre sería capaz de crear algo superior a sí mismo. En su empeño por superar al ser humano imperfecto, ellos solo serían capaces de crear aberraciones de la tecnología, seres sin alma, esclavos perfectos de la materia, monstruos en todo el sentido de la palabra, máquinas de carne y metal.

Y si esta pesadilla llega a realizarse algún día, serán estos seres quienes viajen a otros mundos.

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Pues, lo que todos esos propagandistas de la colonización espacial callan, es que su invento, de ser posible, nunca será para las masas. Los costos y peligros del viaje espacial son tales que este solo será accesible a las clases privilegiadas, o bien a aquellos con una genética impresionante, y esto en el caso de hipotéticas colonias en nuestro propio sistema solar. El único modo en que los seres humanos podrían viajar hacia las estrellas, sería en el corazón de máquinas que transportaran óvulos congelados en vientres artificiales, modificados convenientemente para sus nuevos ambientes. Pero aun así, ¿cómo podrían preservarse durante decenas de miles de años? ¿Cómo podrían funcionar estas máquinas tanto tiempo y quién cuidaría de los seres que así nacieran?

En el improbable caso de que una misión así llegará a existir alguna vez, la Tierra no sería nunca abandonada por miles o millones, sino por algunas decenas que plantarían su semilla en otro mundo, donde con el tiempo desarrollarían su propia especie.

Y de realizarse todas estas quimeras, al final un día, una selección privilegiada y avanzada de la especie humana, en colonias distribuidas por el sistema solar, entrará en conflicto con la propia Tierra, donde la gran mayoría vivirá todavía sin esperanzas de dejar su planeta natal alguna vez.