Pentti Linkola sobre el 9/11

Pentti Linkola
Pentti Linkola (1932-2020).

El siguiente artículo del ecologista radical finlandés Pentti Linkola fue publicado originalmente el 26 de septiembre de 2001, hace exactamente veinte años, dentro de la revista Elonkehä (La biosfera):

Este once de septiembre, un puñado de aviones de pasajeros secuestrados, destruyeron varios de los imponentes edificios del World Trade Center en Nueva York, y se estrellaron contra una esquina de los cuarteles militares del Pentágono en Washington.

A pesar del poco impacto de este evento en la humanidad en general, las reacciones alrededor del mundo fueron enormes. Los hiperconsumistas países de occidente, ahogados en su basura, experimentaron el mismo pánico que sobrecogió a los Estados Unidos. Es por estas reacciones que el atentado se ha hecho significativo. Pero afirmaciones como «el mundo ha perdido su rumbo», y «nada volverá a ser como antes», no son sino palabrería.

La histeria alcanzó incluso a Finlandia: artículos escritos con furia, y flores que inundaron la embajada de los Estados Unidos; y no hizo falta el comentarista que recordó la lista de los Estados de ese país, del perceptivo Hannu Taanila, siendo los últimos, Alaska, Kuwait, y Finlandia. Nunca antes las casualidades extranjeras habían suscitado tal simpatía, y nunca antes tanta atención había sido puesta al sufrimiento de sus familias. Y sin embargo, juzgando solo por el número de víctimas, este incidente fue poco más que una trapisonda, comparado con otros hechos recientes de la historia. Cientos de miles de civiles murieron en los bombardeos de Dresden y Hamburgo, y muchos fallecieron también en Londres, para no mencionar las pérdidas de vidas en Hiroshima y Nagasaki. En la antigua Leningrado, un millón de civiles murieron víctimas de los bombardeos, la artillería y el hambre. O, para considerar hechos más recientes, ¿dónde están las banderas a media asta por Grozny, Bagdad y Kosovo?

Esta confusa nación, no puede ni siquiera contar el número de bajas en Nueva York —después de todo, nunca sabremos por quién votaron realmente en su última elección—. Sin embargo, por lo que he podido averiguar fueron solo unas dos mil personas. Aquellos que murieron en los ataques no eran simples humanos; eran estadounidenses, y no unos estadounidenses cualquieras, sino los sacerdotes y sacerdotisas del Dios Supremo de esta era: el Dólar. Los pasajeros de los vuelos domésticos no eran tampoco una muestra válida de la humanidad, sino una porción devoradora del mundo, opulenta y dañina para el medio ambiente.

La fuerza y la atracción del dinero y el poder, que es evidente en todas partes, incluida la forma en que los gobiernos se postran ante los Estados Unidos para demostrar su amistad, está más allá de la razón. Solo tuvieron que pasar unos días, para que el mal y el odio incomprensible de gente demente fuera presentada por los medios como la posible causa del incidente, y está se convirtió en la explicación preferida.

Es un hecho que los Estados Unidos son el imperio más agresivo en la historia del mundo; el número de sus bases militares alrededor del globo es simplemente desconcertante. A través de sus bases, los Estados Unidos expanden su influencia cultural y económica, profanando, subyugando y silenciando a otros. En todos los continentes financian y arman los gobiernos y guerrillas que los favorecen, frecuentemente cambiando de bando. Usan escuadrones de la muerte con los disidentes, y van a la guerra cuando es necesario. Cada tanto, como un recordatorio, bombardean al viejo y orgulloso Iraq. Los Estados Unidos son el Estado más miserablemente vil de todos los tiempos. Cualquiera consciente de los problemas del mundo puede imaginar con facilidad cuán vasto el odio por los Estados Unidos debe ser en el tercer mundo —por una entidad política corrupta, inflada, paralizante y asfixiante—, y también entre la minoría pensante de Occidente.

Sabiendo esto, es claro que activistas del tercer mundo estuvieron detrás de los bombardeos de Nueva York y Washington. Estas gentes luchan una guerra desesperada por su patria y su fe, contra un enemigo gigante y superpoderoso —no muy diferente a la de los finlandeses durante nuestra Guerra de Invierno. Sin importar cuán extranjera su religión o cultura nos parezcan, merecen ciertamente toda nuestra simpatía. La oposición dentro de los mismos Estados Unidos es también fuerte. El caso del Unabomber acude aquí a la mente; su atento modelo para una sociedad alternativa fue presentado recientemente al público finlandés con una traducción de su manifiesto. La oposición doméstica dentro de los Estados Unidos, sin embargo, difícilmente tendría la energía y habilidad para llevar a cabo una operación como aquella de la que fuimos testigos en Nueva York; la pericia, competencia y coraje detrás del ataque ha sorprendido incluso a los expertos militares de occidente (quienes a pesar de todo, públicamente han expresado su condena de la acción).

En los Estados Unidos la búsqueda por los «culpables» se ha convertido en una farsa. El cabeza de chorlito que a través de procedimientos oscuros consiguió ser elegido presidente, llamó a los pilotos kamikazes «cobardes» en su primera intervención. Luego clamó que no se trata más de terrorismo, sino de una guerra; una guerra entre los Estados Unidos, con sus 250 millones de habitantes, y un solo individuo, que admiten noble de origen y claramente determinado, un jeque del medio oriente que debe ser «capturado vivo o muerto». Este individuo recluta un gran número de hombres dementes para cometer sus costosas atrocidades (el único punto de vista que Bush entiende).

Las obras del pequeño Estado finlandés también bordean la farsa, y después del once de septiembre el estado de emergencia fue declarado en las fronteras. De pequeños comienzos, grandes cosas pueden desarrollarse. Todavía recuerdo cómo, después de un ataque de la facción del Ejército Rojo alemán, una gran fuerza policial fue movilizada en Laponia en busca de un joven ciudadano de Alemania. Solo después fue revelado que se trataba solo de un estudiante que había ido de caminata por los bosques.

Respecto a mi propio país, hay otro punto que quisiera anotar: sería deseable que al menos esa gente que idealiza nuestra Guerra de Invierno dejara de santiguarse ante la violencia en general. Uno debería también tener en mente que la diferencia entre un terrorista y un luchador por la libertad es una materia de perspectiva: depende del observador y del veredicto de la historia. Un claro ejemplo; ese de los soldados finlandeses que tomaron acciones contra un gobierno legítimo¹. Estos soldados recibieron su entrenamiento en tierras extranjeras, exactamente igual a como el grupo de guerrilla palestina que atacó en los juegos olímpicos de Munich, o los Rojos en Italia y Alemania, que por lo que sabemos, fueron entrenados en el sur de Yemen o Líbano. Algunos de esos soldados fueron aventureros, otros patriotas fanáticos. Si nuestra propia guerra civil hubiera terminado de forma diferente, no hay duda de que hubieran sido etiquetados como terroristas.

De todos modos, las medidas opresivas tomadas por los Estados Unidos contra otras culturas y poblaciones no son la peor de las catástrofes. El aspecto más serio de la supremacía estadounidense es la posición de líder que este país ha adquirido como motor y plataforma del crecimiento económico global. El crecimiento económico no conoce límites y viola la naturaleza, explotando sin fin los recursos naturales de tierra, mar y aire.

Lo que ahora tenemos son el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo o mejor, el Dólar, el Crecimiento Económico, y la Economía de Mercado. Dos dioses se enfrentaron en Nueva York: Alá y el Dólar. Los sirvientes de Alá sacrificaron sus propias vidas y las vidas de algunos pocos discípulos del Dólar. El objetivo de los sirvientes de la Economía de Mercado es asesinar la creación entera y la humanidad tan pronto como puedan. El ecologista profundo y el protector de la vida, el guardián de la continuidad de la vida, debería ciertamente elegir a Alá si las cosas se ponen serias.

Dada la situación, las torres del World Trade Center fueron el mejor objetivo entre todos los edificios en el mundo, simbólica y concretamente. Fue una elección espléndida, magnífica. Mas, no importando el júbilo que siguió a este objetivo, ciertas cuestiones se revelaron de inmediato: ¿Cuáles serán los efectos a largo plazo de este ataque?

Aunque la muerte en masa de humanos siempre será algo positivo a la luz de la explosión de la población, unas cuantas miles de vidas no son nada, incluso si su calidad fuera más importante que su cantidad. En otros aspectos, el incidente parece tener repercusiones significativas por ahora. El crecimiento económico ha cedido, al menos en algo. El tráfico aéreo, el peor de todos, está decayendo. El comercio internacional parece desmoronarse lentamente; y el turismo destructivo y la cooperación ente naciones para el crecimiento económico será más difícil. La vigilancia y las acciones policiales son siempre un impedimento para la vida de negocios. Todos los incidentes de este tipo, dan a la naturaleza más tiempo.

Los amargos principios de la vida siempre han demostrado que nunca hay verdaderas razones para el optimismo. ¿Pero estará justificado en esta ocasión?²

¹ Durante la Guerra de Invierno, entre 1939 y 1940, la Unión Soviética invadió Finlandia en complicidad con un gobierno títere.
² Evidentemente no fue así, y poco después todo volvió a su curso «normal». De más está agregar que los puntos de vista aquí expuestos le pertenecen exclusivamente a su autor y no al traductor.

Iron Maiden 2021

Iron Maiden 2021
Álbum número diecisiete de estudio de Iron Maiden.

Con su último álbum de estudio, su número diecisiete, la banda británica Iron Maiden parece continuar con su tendencia a rendir homenajes en sus portadas a sus fanáticos más dedicados en el mundo, esta vez con una temática japonesa, patente en el nombre, Senjutsu, que viene a ser algo así como tácticas y estrategia en el lenguaje oriental, con sus ideogramas (戦術) meticulosamente representados bajo el logo clásico de la agrupación. El arte continúa con la línea de The Book of Souls, quizás demasiado, pero es evidente que el pináculo de sus portadas se alcanzó en los ochenta, con las magníficas obras de Derek Riggs. Puntualmente, diría que con Somewhere in Time y Seventh Son of a Seventh Son. En este caso, la estética japonesa, no es algo que relacione de algún modo con Iron Maiden, así que este arte parece apelar a un tipo bien definido de fan. Quizás hubiera sido preferible uno más universal, más cuando la temática oriental parece estar restringida a una sola canción, y ya Bruce Dickinson ha aclarado que no se trata de un álbum conceptual; a pesar de su espectacularidad no convence del todo, pero a estas alturas ellos no tienen por qué dar explicaciones a nadie, y sigue siendo mejor que la mejor portada de qué se yo, Metallica o Black Sabbath.

En formato físico, se trata de un álbum doble, el segundo de estudio de Iron Maiden, después de The Book of Souls; grabado por entero en 2019. Steve Harris menciona en la única entrevista disponible en video, que cada álbum es como una huella de lo que ellos fueron en un determinado momento de su historia, una definición bastante interesante; con lo que en esta grabación nos encontraremos realmente, no con el Iron Maiden de 2021, ni de 1992, sino con la banda de músicos del incierto 2019, que en un intermedio de su última gira se reunió en el Guillaume Tell Studio de París, Francia, a grabar y en alguna medida componer, con miras a un álbum que hubiera debido ver la luz en 2020. El resultado de estas sesiones fue resguardado bajo llave por Steve Harris, y hasta hace unas pocas semanas, solo el propio bajista y su segundo Bruce Dickinson, habían podido escuchar la versión final. Por momentos pareció que el Eddie de Senjutsu nunca saldría de su confinamiento; pero he aquí que los británicos han decidido no esperar más, y las diez canciones de Senjutsu han sido liberadas al mundo; con títulos tan sugestivos como The Time Machine, Darkest Hour, y The Death of Celts, y un promedio de más de ocho minutos por pista. No hay mucho rito en esto hoy día, más allá de resguardar el archivo Flac dentro de la colección digital y abrir el reproductor (o la aplicación de Spotify, para los más prosaicos).

¿Será tan oscuro como las primeras impresiones sugieren? ¿Cuáles serán las sorpresas que menciona Dickinson, que quizás no suenen a Iron Maiden? ¿En qué fragmentos la genialidad de Nicko McBrain en la batería será innegable (otro punto del que ha advertido Dickinson)? ¿Es en realidad, dado el número de sus composiciones en solitario, uno de los más personales de Harris dentro de la amplia discografía de La Bestia? Hora de olvidarse de las preguntas y sumergirse en el flujo del presente, que es la única manera de oír música. Las expectativas no son muy altas; la experiencia ya ha enseñado que los últimos álbumes de la Doncella de Hierro, ganan más con el paso del tiempo, y que una primera escucha no será suficiente. Pero los sexagenarios músicos (¿son los sesenta los nuevos cuarenta?) ya han hecho bastante, y lo increíble es que nunca han bajado el listón, en cuanto a la general calidad de sus productos; no son una de esas bandas con largos hiatos que se reúnen veinte años luego a tratar de revivir viejas glorias, o conseguir el éxito que nunca tuvieron, aprovechando la moda retro. Ellos siempre han estado ahí, en el presente.

Y con el primer golpe de batería esto es evidente, y nos embarcamos en una jornada, en la que cada canción será como un viaje a un territorio mil veces recorrido, pero siempre con nuevas cosas que descubrir.

Así, Senjutsu, abre a la manera de The Final Frontier con una intro marcial, que muy pronto recibe a Dickinson, en su faceta más épica, acompañando las guitarras que recuerdan el trabajo del Powerslave, en algunas partes melancólicas, y en otras progresivas y épicas; plasmando de forma sonora perfectamente el sentir de samurái al que alude la portada. Y en esta primer estampida, la banda británica ya muestra una presencia muy diferente a la del anterior álbum, aunque al final este vaya a ser en mi opinión el tema más similar a The Book of Souls que se encontrará dentro de este disco.

Stratego, que fuera el segundo sencillo, contrasta con el anterior tema, con un desempeño más cercano al Iron Maiden de Brave New World, y que cumple con su función de tema corto y puente entre el interesante Senjutsu y el más calmo The Writing on the Wall, primer sencillo (y sorpresa, con su sonido country), y tercera pista en el álbum. La autoría de Bruce Dickinson en The Writing on the Wall es clara, y con Empire of the Clouds, se podría considerar este tema uno de los más Dickinson de la entera discografía de Maiden, que hubiera podido estar perfectamente incluido en una grabación como solista del virtuoso vocalista líder; sobre los cuatro minutos hay que notar el excelente solo de guitarra, en el cual los tres guitarristas, Dave Murray, Adrian Smith, y Janick Gers, conjugan con maestría sus habilidades.

El cuarto tema Lost in a Lost World, empieza en un modo similar a la anterior canción, con el corte más fluido hasta ahora; algunos ecos de Dickinson adicionados en la producción suenan extraños aquí, pero sobre los dos minutos Iron Maiden vuelve a ser completamente reconocible. En primera escucha, no parece de los más fuertes del álbum, y suena algo repetitivo, con giros no muy afortunados para su extensión, que es evidente tratan de introducir a la fuerza algo de variedad, pareciendo por momentos un popurrí de varios temas bien conocidos, que uno tiene en la punta de la lengua siempre. No obstante, al final, los nueve minutos y medio se sienten como si hubieran sido solo seis o siete. Habrá que esperar.

En cuanto a Days of Future Past es un tema más clásico, enérgico y que con coros y puentes más definidos, y sus cuatro minutos y solos, se convertirá seguramente en uno de los infaltables de la próxima gira, y todo un espectáculo en vivo, a la manera de lo que fue Death or Glory para el anterior álbum. Entonces, conectando con el anterior título, comienza The Time Machine. Luego de una introducción en la vena de The Writing on the Wall, sobre los tres minutos volvemos a escuchar las tres guitarras conjugándose en uno de los pasajes más interesantes de esta primera parte del álbum doble, primero sirviendo a los intereses de la voz de Dickinson, aquí también variada y con algunos giros inesperados, para luego desarrollar su trabajo instrumental, con el bien audible bajo de Harris llevando el ritmo del ataque sonoro.

Aquí le doy una pausa al Rhythmbox, para reproducir la sensación del doble álbum y dar un respiro luego de los cuarenta minutos de estas seis canciones. Como había previsto una sola escucha se antoja insuficiente, y da la impresión de que varios de estos temas ganarán bastante con el tiempo; aunque también queda la sensación de una obra mucho más repetitiva que The Book of Souls, dando en algunos puntos demasiado protagonismo a progresiones y notas que son ya marca registrada de La Bestia. Sobre todo en Lost in a Lost World y The Time Machine, la voz de Dickinson parece perder fuerza por momentos, pero le voy a dar el beneficio de la duda a esta observación, quizás más obra de la producción que falta del vocalista. Puntos altos hasta ahora, 1, 5, y ciertos apartes de la pista 6.

El segundo disco abre con Darkest Hour, en el cual la mano de Dickinson es evidente en su lírica, mientras que la autoría de Smith se hace sentir desde el primer acorde, con unas emocionantes guitarras que abren la melodía antes de que la voz de Dickinson recite con su acostumbrada pasión la letra. El sonido me recuerda bastante al Iron Maiden de los tempranos noventa, sí, Fear of the Dark, y aquí, muy pronto Dickinson alcanza una de sus cotas más altas hasta ahora, dentro de lo que va de este doble disco, al igual que McBrain.

Los tres últimos temas, cada uno de más de diez minutos, son obra exclusiva de Harris, y seguramente, dada su disposición dentro del disco, el segmento más fuerte del álbum, compositivamente. Death of the Celts, empieza de forma prometedora, y se desarrolla entregándonos un tema emocional, fuerte y complejo musicalmente. Los cambios y progresiones que se dan a la mitad se dan aquí de forma más orgánica que en Lost in a Lost World, e incluso algunos temas folk de obvia inspiración celta se hacen presentes en las guitarras. El trabajo instrumental es robusto y Dickinson lo acompaña con excelencia cuando es necesario, y nuevamente, son diez minutos que se sienten mucho menos.

The Parchment sorprende un poco en su introducción con un ritmo que recuerda incluso al Pink Floyd de los tempranos setenta, para, cuando entran del todo las guitarras, darnos algo del Powerslave, esta vez en una mezcla más inesperada con el Iron Maiden del cambio de milenio. Luego, el tema más largo del álbum, de casi trece minutos, evoluciona hacia el tercer minuto y medio hacia un sonido más progresivo, y por momentos completamente irreconocible, para hacia los cinco, volver a un sonido más natural en Iron Maiden. Los cambios de ritmo son, como en la anterior pista, naturales y fluidos, y nos conducen perfectamente por la sensación aventurera de la lírica. Seguramente el plato fuerte de este álbum, y una próxima gira.

El álbum termina con el apocalíptico título de Hell on Earth, tema que arranca nuevamente con un sonido noventas, para luego de dos minutos y medio de intro, deleitar con una progresión de guitarras al estilo de los dosmil, y sentirse algo completamente nuevo a los tres y medio, muy cerca del anterior álbum, cuando la voz de Dickinson arranca, con quizás su mejor desempeño dentro de este opus, comparado con lo que hemos escuchado hasta ahora. Las guitarras entregan también algunos de sus mejores solos del álbum, en su forma más clásica. Sobre los siete y cuarenta el tema se vuelve más emocional, antes de volver a algo de guitarras ochenta, y entregar un final, que se desvanece demasiado pronto dejándonos con ansia de mucho más; cuando quizás hubiera podido evolucionar en otros dos o tres minutos, y terminado de una forma más clásica y no en el simple desvanecimiento.

En cuanto al segundo disco, tal como se esperaba, los tres últimos temas resultan ser los más sólidos, con sus puntos más altos en The Parchment y Hell on Earth, aunque sus extrañas estructuras no los hagan clásicos inmediatos. Sobre la obra en su totalidad, una vez termina, se siente como la falta de un tercer disco que escuchar, o incluso un cuarto; el tiempo ha volado, pero por el momento no hay una canción que destaque, al modo de lo que fueron If Eternity Should Fail o Empire of the Clouds para The Books of Souls.

Por ahora, parece un álbum que seguramente satisfará con dos o tres canciones a todos los tipos de fan, que si bien encontrarán algunos altibajos, al final se sentirán recompensados con sus momentos más memorables, especialmente a aquellos que clamaban por algún retorno a su sonido ochentas, aunque en mi opinión, estos momentos adolezcan de originalidad aquí; sin duda es como el Virtual XI, uno de esos álbumes en los que Harris ha querido hacer lo que él ha querido, y esto se nota, para deleite de muchos, y crítica de otros. También, la impresión de que varios temas sonaran mucho mejor en vivo que en la grabación de estudio (casi como si lo hubieran planeado así y ahora necesitáramos igualmente un nuevo álbum en vivo); esto debido a que se siente cierta falta de cohesión, habiéndose dejado atrás el sonido más robusto que venía desde A Matter of Life and Death, razón por la cual no lo pondría sobre estos álbumes.

Lo que esta obra representará dentro de su discografía, solo el tiempo lo dirá. Pero definitivamente es Iron Maiden.

Notas varias MMXX-MMXXI

La muerte
Autor desconocido.

La palabra moralizante ha adquirido un significado peyorativo; a priori se espera que nadie se otorgue el derecho de decir qué está bien y qué mal, a menos que se oponga con vehemencia al pasado.

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Leer es reencarnar otras voces.

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El cerebro gusta de hacer conexiones entre eventos y símbolos que se superponen en el tiempo; busca patrones y coincidencias. Pero llega el día en que ya no da ningún significado a estas superposiciones. No significan nada, ni destilan misterio.

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La verdad es que escribir no da alegría; ni alivio, ni siquiera satisfacción, a lo más un ligera sensación de que el tiempo se pierde un poco menos y más a la vez. Quizás solo evitar que se caiga en ciertos pensamientos.

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Hace muchos años la perniciosa «fantasía» consiguió ser erradicada del mundo; y ahora nosotros viajamos dentro de una ciudad de cristal por el espacio.

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Un Dumbo blanco (un elefante humano y albino), con la piel de su rostro de infante desprendida de su cuerpo dentro de un cofre.

Un diablo que se enfrenta conmigo de pie encima de la cama, pero yo me siento listo al decirle que solo pelearé si él conserva un tamaño que no me supere.

Despierto en la madrugada sudoroso y asustado.

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En la ciudad se pueden encontrar diversos tipos de ratas.

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Los cerdos no merecen nada, ni siquiera la mierda de los otros.

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Título: La conspiración homo (relato de ciencia ficción).

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Todo político es despreciable, pero al menos el político en el poder trata de mantener las formas, mientras que a aquel en oposición no le importa perder toda dignidad para conseguir sus metas.

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La única pandemia es una pandemia mediática.

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La verdad, yo no escribí para este mundo nuevo, sino para otro que ya no existe.

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Básicamente, todas las limitaciones son una cuestión de tiempo.

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Tratar de crear una organización política efectiva a través de un medio como Facebook o Twitter es fútil. Una organización efectiva no puede ser creada democráticamente, pues su naturaleza es jerárquica. Gente que lo intenta están desperdiciando su tiempo o tienen otros intereses.

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Vitalista negativista contra positivista nihilista.

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Un día él descubrió que ella era solo un programa de computadora. Todo había sido un engaño de sucesivos niveles de complejidad, casi imposible de descifrar, si es que esto es posible para una mente humana.

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Una lluvia como si se fuera a desatar un diluvio.

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La estupidez de las masas ha hecho todo texto irrelevante, como perlas destinadas a sepultarse para que su brillo nunca sea comprendido.

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Otras veces quisiera la pureza de la tinta sobre un papel blanco.

La frase en mi cabeza: «Excesiva libertad lleva a la insurrección. La insurrección debe ser controlada».

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No sé quién dijo que las revoluciones son alegres.

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La gente mejor se reconoce de una mirada. Los mejores están ocultos, en sus ermitas.

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Es sorprendente como las pequeñas cosas, tales como una ducha, lo pueden cambiar todo. Es cierto que el agua limpia los pecados.

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La vida parece larga a estas alturas, lo suficiente para pensar en que perderla algún día no será una tragedia.

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Si con tus manos solo vas a darle forma a monstruos; mejor no usar esas manos.

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La realidad copia la ficción.

Las películas, las canciones, los videos musicales, los libros, y otras expresiones, modelan la realidad y no al contrario. Nosotros creamos nuestro futuro; o de otro modo, sería esta fuerza creativa quizás, más bien, la manifestación de un hecho sobrenatural, ante la perfección de sus predicciones.

De falsos suicidas y otros errores

No todos los muertos son iguales.

Él se dio cuenta muy tarde.

Lo único que quería era morir. Antaño el pensamiento de la muerte lo hacía estremecer, era su mayor temor, su único y verdadero miedo. Ahora extrañamente, se había convertido en su única esperanza. ¿Por qué morir, sin embargo? Ni él mismo hubiera podido responderse; y en realidad ni siquiera lo sabía. No era tanto una pregunta que se formulara en su mente, sino más bien la expresión de un deseo. Ni era tampoco la respuesta a una pregunta que nadie ni nada hacía.

Pero había cometido uno de los peores errores de un suicida; había dejado un largo rastro atrás. Si la idea detrás del suicidio es la negación del propio ser, no basta con la eliminación del propio cuerpo sino que habría que extender esto a toda huella que este cuerpo y por extensión su alma hubiera dejado en el mundo. De otro modo, sería un suicidio a medias, fallido. Todo artista que ha atentado contra su propia vida y ha dejado una obra detrás ha cometido este mismo error; ha terminado con su propia existencia pero han permitido que su reflejo perdure.

En la época actual, el suicidio así pensado se antoja casi un imposible; casi todos han dejado ya una huella electrónica en fotografías, videos, mensajes de texto y voz, que es imposible de controlar. Una vez todo esto ha sido compartido en red, los poderes del «autor» sobre su obra desaparecen por completo. Lo que a el posible suicida, atormentado por este deseo ferviente, puede sumir en la desesperación más oscura.

Los frecuentes suicidios del Internet (esto sucede cuando alguien de improviso borra todas sus redes, llevado por el acoso cibernético o el simple fastidio) son en este sentido un sustituto del suicido real que cumple casi con la misma función; se aniquila la versión virtual del ser, para no tener que acabar con la propia. Pero aun así, en el caso en que el usuario borre toda su memoria, si es que acaso tiene acceso, aun así no terminará del todo consigo mismo; las más de las veces su reflejo de espejo se conservará como bytes en lo profundo de los servidores. El hecho de que lo más probable es que nunca nadie los vaya a ver, o que puedan desaparecer cuando estos servidores sean borrados definitivamente, no implica que no haya una mínima posibilidad de que esto sea así, y el ser virtual vuelva a la vida; con lo que el suicidio, aun el virtual, se convierte así en algo siempre elusivo e incompleto. Sin contar con los pedazos de este ser virtual que otros desconocidos hayan querido por una u otra circunstancia conservar.

E incluso en el caso que este ser consiguiera eliminar toda su huella virtual, todavía quedaría una huella en la mente de los otros.

El suicidio es inútil entonces; nunca puede contra la memoria. Se puede argüir que eventualmente todos aquellos que conservan la memoria de alguien más también morirán y que con ellos a la larga desaparecerán estas memorias; pero es precisamente de las memorias de sus contemporáneos que el suicida desea escapar. El verdadero suicida, no el mero aficionado, por supuesto. Pues hay suicidas que son a los verdaderos suicidas meros impostores y a estos farsantes los distingue de una mirada. El verdadero suicida ha deseado toda su vida la muerte; el impostor solo es arrastrado por un impulso repentino e ilógico. El verdadero suicida hubiera preferido no nacer, mientras que el falso suicida solo ansía haber tenido una vida distinta, o cambiar uno o dos aspectos de esta (como si esto fuera posible y al tener una vida distinta no nos convirtiéramos también en «otro»). De más está aclarar que como en todo, casi todos los suicidas son falsos suicidas. El falso suicida no comprende, nunca ha comprendido, ni siquiera con su intuición, que su vida es la única vida posible, para él, para todos. Que la suma de su ser (y de los mismos motivos que lo arrastran al suicidio) se encuentran imbricados con su propio sentido de identidad, con cada acto y palabra dicha, incluso el silencio. Que de haber podido ser otro, ya no sería él mismo. El falso suicida más que su propia existencia, quiere eliminar el dolor; pero este hace parte tanto de él que no ve otra salida que la más extrema. El verdadero suicida lo desprecia, pues no es del dolor de lo que quiere huir; como si la existencia pudiera separarse del bien o el mal.

No todas las muertes son iguales, como tampoco todos los suicidios lo son.

La guerra contra los virus

Forma humana del futuro (circa 2984).

Hay ciertas cosas que son conocidas por cada uno de nosotros.

A veces tengo la intuición de que todo acabará muy pronto… Pero describir estos sueños, o pesadillas mías, no es lo que debería aquí, aunque quizás uno sea relevante. Dormía con el grabador de sueños encendido, por lo que lo recuerdo con claridad; de pronto me vi en un mundo donde la gente se reunía en las noches en las calles y caminaban de aquí para allá, solos o en grupos, sin rumbo, bebiendo o comprando cosas… Qué cosa tan irracional e improbable. Estaba en medio de esta multitud y la gente pasaba a mi lado, sin miedo de tocarme o rozarme, con sus caras descubiertas y unas enormes sonrisas. Había músicos en las aceras y luces brillantes que colgaban de los edificios; un absoluto desperdicio de recursos y energía por todas partes, como si no hubieran cosas útiles que hacer en el mundo. Me encontraba tan mareado y contrariado por lo que veía que en un momento me derrumbé en el suelo. Una mano ¡descubierta! tomó la mía y me levantó. Era un hombre y el dorso de su mano era peludo y nervudo. Le faltaba un diente; entonces desvié la mirada y vi un roedor asomarse por un muro y correr con agilidad hasta perderse por una alcantarilla. Y en el suelo, ¡había bolsas de basura! Por toda la calle había también pequeñas basuras, de papel, plásticas, cualquier cosa horrible y sucia, incluso excrementos de animales. ¡Alguien puede imaginar el estado deplorable de higiene en el que me vi envuelto! Y sin embargo, también sentí otras cosa, algo que todavía no puedo describir. No creo que nuestro lenguaje tenga ya palabras para algo así.

Es evidente que este sueño debió ser inspirado por alguna de las cintas que vi en mi infancia, en los primeros programas de condicionamiento, pero aun así, que estas imágenes hayan resurgido con tal fuerza… Tal vez luego continúe con lo de mis sueños. Pero este sueño, en que me vi sumergido en una especie de humanidad primitiva, me ha llevado a pensar en que incluso nuestro Estado perfecto, con el tiempo puede llegar a hacerse irreconocible. Por este pensamiento, es que he decidido plasmar de esta manera antigua, sobre un papel y con signos caligráficos, algunas notas cortas sobre nuestra sociedad. Quizás sean útiles a los antropólogos del lejano futuro; pienso resguardarlos dentro de una lámina de cristal. Mis lectores pueden ser de otro lugar, incluso de un planeta lejano que descubra los restos de nuestra civilización, víctima de algún cataclismo inesperado, por lo que voy a repetir ciertas cosas como si no fueran de público conocimiento.

Es 2484. Hace algunas centurias que la humanidad decidió emprender su última batalla. Luego de milenios de luchas intestinas, y grandes masacres, al fin todos los pueblos consiguieron unirse contra un enemigo común. Este enemigo no fue el hambre, ni la pobreza, como algunos habían propuesto antes. Fueron las enfermedades, los virus, las bacterias. A día de hoy sería torpe negar el avance de nuestras tropas en esta lucha contra un enemigo invisible y silencioso. Al respecto, todos sin excepción somos soldados en esta guerra; cada uno tiene su pequeña parte en esta pelea por el bienestar global de la humanidad. Ahora, hay ciertos rumores de que nuestro honorable Consejo Médico se prepara para un recrudecimiento en esta guerra. Al parecer ha surgido un nuevo tipo de enfermedad, no prevista. Cómo puede esto ser inesperado, y a la vez hacerse preparativos al respecto es una de esas cosas que no se preguntan, solo algo de lo que debemos sentirnos agradecidos. Ante los virus, las enfermedades, las bacterias, debemos actuar como si fuéramos uno solo. No puede ser de otra forma; un solo desviamiento en la doctrina preventiva podría llevar a incontables muertes, y aquel que se comporte de forma negligente o indiferente, permitiendo la expansión de los virus, casi que no merece llamarse un ser humano. ¿No es la máxima forma de humanidad aquella que es cien por ciento empática con sus semejantes? En nombre de esta empatía, la más sublime de las sensaciones humanas, todo debe ser por fuerza, permitido. La aritmética es clara. El bienestar de millones vale más que el de cualquier individuo.

Por tal razón, no se deben cuestionar nunca las recomendaciones del Consejo Médico.

A propósito, ¿no podría llamarse al Consejo Médico la más grande niveladora en la historia de la humanidad? Antes de que el Consejo tomara las riendas del mundo se cuenta que el caos estuvo a punto de hacer cenizas de la Tierra. Qué conveniente fue entonces que los virus empezaran a esparcirse de forma descontrolada en las cuatro direcciones. La humanidad había conseguido transformarse de una patética división en miles de tribus antagónicas en una sociedad global; pero ellos, tontos todavía, creían que las viejas costumbres que traían de su pasado tribal iban a permanecer inalterables. Solo algunos, muy pocos, se dieron cuenta de que una sociedad global debía organizarse en base a parámetros claros, si quería sobrevivir a los peligros inherentes a una sociedad planetaria; como por ejemplo, los virus y su mayor tasa de propagación en un globo entrelazado económicamente. No había por qué cambiar la economía ni volver a formas feudales y autocráticas; el sistema económico solo necesitaba de nuevas reglas. ¡Y los antecesores directos del Consejo estuvieron ahí, rápidos, sabios, magníficos, para poner las primeras piedras en el camino de nuestra nivelación! Antes, se dice que el mundo estaba dividido en diversas capas, pobres, ricos, medianos, distribuidas geográficamente, y que había países más ricos que otros. «Países», qué concepto tan primitivo. Gracias a las primeras medidas que se tomaron para controlar la emergencia sanitaria, muy pronto ya todos fuimos iguales. Hoy día la Tierra ya no está dividida en zonas más ricas que otras, sino que en todo el mundo la riqueza (y también la pobreza, hay que decirlo, pero esta es una pobreza racional, no fruto del egoísmo de unos pocos como las de nuestros cercanos antepasados, sino de la organización tecnocrática de la Tierra, que privilegia el bien común sobre el de unos cuantos) se distribuye uniformemente. Nuestra ciudad no se diferencia en nada de Honk Kong, Tokio, París, Nairobi o New York. Las zonas exteriores pertenecen a la plebe (que también es casi la misma en cada rincón de globo), y aquellos más afortunados no abandonamos casi nunca nuestros edificios.

Sobre los rumores… apuntan a que se están tejiendo a toda prisa en las fábricas automatizadas millones de trajes nuevos. Se dice que se van a distribuir a cada habitante de Tierra (incluso a la plebe), en caso de un nuevo brote, que se teme emergerá pronto. Estos trajes están diseñados para aislar el cuerpo enteramente del exterior. No hay duda de que si el Consejo lo considera necesario, todos los usaremos. Nadie quiere morir de un virus, hoy menos que nunca, dentro de uno de los edificios del Ministerio… No es algo que se le desee a nadie.

* * *

Hace unos meses redacté la primera parte de esta nota; hoy he vuelto ha encontrarla casi que por casualidad.

En efecto, un nuevo tipo de virus surgió, tal como habían previsto los modelos. Se pudo rastrear su origen al Hexágono Oriental 7–30, en una fábrica de proteína antigua. Los primeros infectados cayeron como moscas. Se les salían los ojos y toda su piel se llenaba de pústulas, luego de un corto periodo de incubación. De un 8 al 9% murió en pocos días, aunque se les aplicara a todos los procedimientos del Consejo; diversas máquinas que son forzadas a interactuar dentro del cuerpo. Aunque el virus fue rápidamente contenido, el Consejo actuó con sabiduría y promulgo sin vacilaciones el nuevo edicto. De aquí a cuando se considere seguro, todos en el planeta estamos obligados a vestir los trajes especiales de seguridad.

Los trajes fueron distribuidos sin demora, como sucede con todo en nuestro perfecto mundo. Luego de un periodo de adaptación de algunos meses, la gente los usa ya casi como una extensión del propio cuerpo. Nuestros recintos virtuales de diversión, en los que caminamos en torno a vitrinas y pantallas, volvieron a estar llenos luego de algunas semanas de adaptación. Personalmente, me dio la impresión de que la gente parecía «resignada», pero esta es una palabra cuyo significado poca gente conoce hoy, y yo solo la uso por la costumbre de intercambiar palabras que da el trabajo en el Departamento de Historia; de ahí esa impresión, de seguro provocada por la excesiva exposición a estímulos antiguos, aunque necesaria en mi trabajo. En fin, que todo no fue tan malo como algunos apocalípticos presagiaban. Si algo nos ha enseñado la historia, y yo estoy más que facultado para decirlo, sabiendo todo lo que sé de los registros del Estado (muchos de los cuales no son públicos, por el bien de todos), es que el ser humano, si se le enseña adecuadamente, puede ser obligado a hacer casi cualquier cosa; y esta obligación, si viene desde el Honorable Consejo, no puede ser sino un bien. El hombre es un animal de costumbres, decía un antiguo adagio.

Algunos han considerado que estos trajes son invasivos, dotados como están de cables y conductos que han de insertarse en todos los orificios del cuerpo; algunos de estos se deslizan suavemente incluso hasta las mismas neuronas. ¡Qué prodigio de la tecnología, pensé cuando sentí a todos estos filamentos mínimos entrar en regiones de mi cuerpo que ni siquiera sabía que existían! El Consejo ha pensado en todo esta vez, se puede decir. Mientras no se usa cierta parte del cuerpo estos filamentos no se sienten; pero una vez uno necesita ir al baño, por ejemplo, estos se activan, haciendo el trabajo con sencillez abrumadora. Dicen que estos trajes multiplicarán la expectativa de vida general cerca de un 10%; y este es uno de los principales indicativos del buen desempeño de un Consejo determinado. Solo se necesita drenar el traje una vez al día, a tiempo que un fluido acuoso se introduce para la necesaria limpieza, y de este modo, según el consejo, no se tendrá ningún efecto adverso, como quemaduras en la piel, costras o infecciones. El modo en que se introduce la comida es también ingenioso, pues una doble compuerta plástica dentro de la propia boca predigiere el alimento antes de que llegue al paladar, sin perder por esto sus propiedades ni sabor, y eliminando todo virus o bacteria no deseado. «La primera puerta en el camino a la Inmortalidad», han titulado algunos diarios, quizás algo exageradamente. Hablar se ha hecho difícil, pero no imposible, para eso contamos con los lectores neurolingüísticos en las cuerdas vocales, que traducen los murmullos a los que nos obliga el traje a frases comprensibles vociferadas por el micrófono externo o bien transmitidas por red.

En cuanto a nuestra nueva apariencia, los trajes son de colores brillantes, según nuestras funciones, obviamente ceñidos, con partes nervudas que delimitan sus diversas secciones. Su única parte transparente apenas rodea los ojos, en una pequeña burbuja, con lo que es gracioso que a veces parecemos largos batracios asustados, especialmente nosotros los de los departamentos intelectuales a los cuales nos ha sido asignado el verde. No está prohibido vestir algo encima, y la mayoría lo hacemos, aunque ya no sea estrictamente necesario, ya que el traje nos protege por completo del exterior; pero es claro que se trata de un remanente atávico de otra época, que acabamos que dejar atrás, como muchas veces ha ocurrido a lo largo de la historia; confío que esto vaya cayendo en desuso. Los miembros del Consejo dan ejemplo y ellos solo aparecen con sus trajes blancos, inmaculados, lo mismo que los del Ministerio de Educación, con sus trajes negros, mucho más robustos.

Algunos que temieron por su salud mental, deberían ya sentirse agradecidos de que los trajes supervisen también su estado de ánimo y les prescriban de modo automático drogas para controlar sus emociones alteradas, que pueden reclamar a lo largo del día de las farmacias. Aun en nuestra época, es preciso decirlo, hay gente que todavía no es racional, al cien por ciento, pero para eso están nuestras drogas. A mí mismo me han ayudado alguna vez, con la desesperación que me producen tantas enfermedades rondando por el mundo, y la posibilidad de morir o de que nuestro Estado perfecto desfallezca en el caos. Pero gracias a nuestro honorable Consejo al menos esto último ya no sucederá jamás. Sí que moriremos, pero no de ninguna enfermedad ni virus que hubiera podido prevenirse. Pero cuando eso pase, incluso el traje está preparado para hacerse cargo de nuestros restos y desecharlos de forma racional, de lo cual se ocuparán los de limpieza, a los que ahora llamamos en son de broma, rojos, por el color que se les ha asignado.

Pero ahora debo continuar con mi trabajo; no está bien visto perder el tiempo en actividades no inmediatamente productivas. Se me ha encargado un artículo en oda a los nuevos trajes, que sea educativo desde un punto de vista histórico. A veces se siente un poco demasiado cálido adentro; pero solo hay que mover las manillas de la refrigeración un poco, hasta encontrar el punto adecuado.

Empezaré así, con lo que creo es una frase iluminadora y feliz:

«La gente nunca imaginó que terminaría viviendo dentro de trajes aislantes especiales, como no lo hizo nunca el hombre de las cavernas que vivía desnudo, con que un día viviría vestido, y sin pelo…»

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Sin duda que nuestro mundo ha cambiado mucho en los últimos siglos. Frecuentemente la lectura de viejos libros, como los que por cuestiones de trabajo tuve que examinar esta tarde, me produce muchas preguntas. Casi todos tratan de cosas que ya no existen más, como «amor», hombres, mujeres, etcétera. Fue hace muchos años, incluso antes de que nuestras primeras colonias fuera lanzadas al espacio del sistema solar, que el pernicioso «amor» consiguió ser erradicado del mundo. Qué era exactamente eso, nadie lo sabe ya con seguridad. Pero conocemos sus efectos con exactitud, pues son todo lo opuesto a como vivimos hoy. La mayor parte de los videos están censurados, por nuestro bien. El mundo del pasado estaba tan lleno de ese «amor» que podría producirnos crisis nerviosas; pienso que es claro, que como en mi pesadilla, era un lugar horrible, antes de que la ciencia y la razón lo moldearan a nuestra imagen.

Alguien del pasado hubiera podido objetar sobre nuestro mundo muchas cosas, pero… ¿Y antes? Desde que se tienen registros, los humanos han seguido modas y leyes absurdas. ¿No es mucho mejor el hoy? Ahora todo es racional y perfecto. Nuestra razón no se detiene ante nada. ¿No estamos mejor así, sujetos a la ciencia y la razón, que al azar y lo que ellos llamaban libertad (una palabra para designar la ilusión del libre albedrío que ellos tenían)? Ahora todos somos iguales. Nuestros órganos reproductivos, innecesarios desde todo punto de vista, nos son cercenados al momento de nacer y usados como materia prima para los vientres artificiales. Se nos dan hormonas y drogas de comportamiento desde nuestros primeros días, y nos desarrollamos de acuerdo a las necesidades de nuestro Estado, no del inexistente mundo en el que se dice que evolucionamos. ¿No es cierto que si ese mundo ya no existe, sería totalmente opuesto a la razón, seguir oprimidos por su biología? Este impulso reproductivo se encontraba tan fuertemente arraigado en lo profundo de nuestros impulsos, que muchos pensaron que nunca podría ser domesticado del todo. Pero el Consejo por el Bienestar Humano, siempre vio más allá, y a pesar de la temprana oposición consiguió que con el tiempo el sueño de la igualdad se hiciera realidad. Un día se hizo ilegal nacer con órganos reproductivos (en un primer momento, solo órganos masculinos); y poco a poco se sometió a todos a la operación que hoy es regular. Todo aquel que se negó fue perseguido por supremacismo biológico y operado al momento de su captura. Se cuenta que los últimos «hombres» y «mujeres» se escondieron bajo tierra y tuvieron que ser cazados como una vez se hizo con las ratas… La desaparición del sexo físico, no implicó por supuesto que las sensaciones placenteras a que estos primitivistas se aferraban tercamente también desaparecieran; para eso ya existían multitud de drogas e implantes cerebrales que conseguían el mismo efecto con mucho menor riesgo de contagio de enfermedades, y debilitamiento psíquico. Siendo así, nunca he entendido bien esa rebeldía innata de los antiguos ante el progreso.

Supongo que los nuevos recién nacidos, luego de ser operados, van a vivir también envueltos en sus trajes toda su vida, a partir de ahora. ¡Qué suerte tienen ellos ya de no correr el peligro de enfermarse, nunca más!

El tiempo llegará

Rudolf Steiner (1861–1925).

El tiempo llegará, y puede que no esté muy lejos, cuando diferentes tendencias agreguen en un congreso científico como aquel celebrado en 1912, y la gente concluya que es patológico incluso el pensar en términos de espíritu y alma. La gente «fundamentada» solo hablará del cuerpo. Será considerado un síntoma que cualquiera venga y tenga alguna idea sobre el espíritu y el alma. Estas personas serán consideradas enfermos, y podemos estar seguros de que la medicina encontrará una cura para su mal. Incluso en Constantinopla el espíritu no existirá más. El alma desaparecerá con ayuda de una droga. Tomando un «punto de vista científico», la gente inventará una vacuna para influenciar el organismo tan pronto como sea posible, preferiblemente desde su mismo nacimiento, para que el cuerpo humano jamás tenga la idea de que posee un alma y un espíritu. Dos filosofías de la vida estarán en completa oposición. Un movimiento tendrá que reflexionar sobre como los conceptos e ideas pueden desarrollarse para encontrar la realidad del alma y el espíritu. Los otros, los herederos del materialismo moderno, irán por la vacuna, para hacer el cuerpo «saludable», es decir, hacer su constitución tal que este cuerpo ya no hable de esas tonterías del alma y el espíritu sino que tomé un punto de vista materialista sobre las fuerzas que habitan en los motores y la química, y que permiten a los planetas y al sol surgir de las nebulosas del cosmos. A los médicos materialistas se les pedirá que expulsen las almas de la humanidad.

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He dicho que los espíritus de las tinieblas van a inspirar a sus huestes humanas, en quienes habitarán, a encontrar una vacuna que saque toda inclinación hacia la espiritualidad de las almas de las personas cuando sean muy jóvenes, y esto sucederá de un modo indirecto a través del cuerpo. Hoy, los cuerpos están vacunados contra una cosa y otra; en el futuro, los niños serán vacunados con una sustancia que sin duda será posible producir, y esto los hará inmunes, de modo que no desarrollen inclinaciones tontas relacionadas con la vida espiritual, «tontas» aquí, por supuesto, a los ojos de los materialistas.

Tomado de La caída de los espíritus de la oscuridad, 14 conferencias en Dornach (1917), por Rudolf Steiner.

La primavera de Botticelli

La primavera de Botticelli.

En La primavera, de Botticelli, el artista del Renacimiento no acomete una mera descripción del mundo¹. Aquí, fondo y figura, contorno y contenido, color y oscuridad no son nunca accidente, sino que cada centímetro cuadrado de la pintura de dos metros por tres, obedece a una intención estética; pero no porque busque el arte por el arte, sino porque el artista es solo un medio para que la belleza se manifieste en el mundo. El mismo hecho de que su cuadro haya sido encargado por un mecenas, no le quita nada a su intención, sino que hace que los mismos límites que se le han dispuesto al artista, se conviertan en alicientes para su esfuerzo.

La pintura, a pesar de presentarse inmóvil y plana, nunca es estática. Una primera mirada; y no se ven tanto las figuras individuales, sino el movimiento compositivo de sus cuerpos. Brazos, piernas, manos, que dibujan un ritmo, una danza en la retina, que ha de abordar el cuadro por su derecha. Dentro de esta composición, que va entonces de derecha a izquierda, se reconocen nueve figuras. Están Céfiro, el viento del oeste y de marzo, que se dirige impetuoso hacia la ninfa Cloris, la diosa Flora, en la cual la misma ninfa se transforma luego del rapto de Céfiro, una Venus, Cupido, las Tres Gracias, Castitas, Voluptas y Pulchritudo, y Hermes (Mercurio). En los modelos, predomina un fenotipo rubio, más que mediterráneo. Su físico es moderado, sus cuerpos no parecen estar llenos de órganos y carne, sino de espíritu, aire.

La pintura comienza y termina con una figura masculina, mientras las formas femeninas ocupan casi todo el resto del cuadro. Así Céfiro, que secuestra y posee la ninfa, se opone al calmo Mercurio que es indiferente a la mirada de la Gracia. Es de notar que la flecha de Cupido se dirige hacia una de las Gracias, a la cual lo estudiosos han identificado con Castitas; y ella mira hacia Mercurio, pero es ignorada.

La primavera es entonces una alegoría de la fertilidad, con el lugar central dado a la diosa Venus (la Venus material, vestida, como opuesta también a la Venus ideal, que suele aparecer desnuda). Las dos figuras masculinas principales entretanto simbolizan los instintos y la razón, respectivamente. La composición es cíclica. Incluso el enamoramiento de Castitas no es en vano, pues de este surge la razón. Mercurio es indiferente porque sostiene en su mano derecha un caduceo, con el cual torna las frutas en oro, y está abstraído por esta labor. Es la razón, los frutos del intelecto puro, que no son alimento para el cuerpo sino para el espíritu. Mercurio le da la espalda al mundo de los sentidos, mientras Céfiro se ve violentamente atraído por su vitalidad. La alegoría es evidentemente de trasfondo neoplatónico y pagano.

La composición se divide entonces en dos partes, con las ocho figuras mayores formando un símbolo de infinito entrelazado; las cuatro figuras de la derecha dan forma a la sublimación carnal de la primavera, mientras las cuatro en la izquierda su sublimación por la razón. El ciclo está completo.

La pintura está así mismo llena de detalles. La boca de la ninfa de la que nacen flores, el gesto de Céfiro, su piel de tono azul, las manos que se entrelazan de las Gracias, el estampado con llamas estilizadas de la túnica de Mercurio y la forma en que este reposa su brazo en su cintura, incluso lo que solo parece al principio una sombra de las ramas detrás de Venus, se revela lleno de las formas delicadas de la floresta. Céfiro toma para sí la ninfa, que se transforma en Flora, diosa de las flores y los jardines y la misma primavera; ella también es la Venus del centro del cuadro, cuyo vientre abultado alude a la fecundación misma; de este modo alcanza su sentido. Entonces nos encontramos con las Tres Gracias; tres figuras femeninas a la derecha, tres a la izquierda, que son también una sola, la castidad, la voluptuosidad y la belleza, que rara vez se encuentran separadas sino que son atributos ideales de la Mujer; y Mercurio, que es deseado por la castidad que está a punto de ser flechada por Cupido, para que la razón también encuentre su sentido. Tres figuras masculinas, igualmente, de modo que el cuadro alcance una perfecta simetría, Cupido, Mercurio y Céfiro; quizás todos formas del mismo Hombre. No hay nada externo a este cuadro, no hay nada más allá de los límites del lienzo, la primavera se halla perfectamente contenida en sus colores y formas. Incluso si desconocemos todo sobre la mitología y los dioses, su significado seguirá ahí, y el deleite para la vista es inmediato. Todo es claro y moderado en este arte.

El cuadro, que data probablemente de entre 1477 y 1482, se encuentra actualmente dentro de la galería Uffizi, en Florencia, Italia, adonde fue trasladado en 1815, fecha hasta la que estuvo en su ubicación ideal, la así llamada Villa di Castello.

¹ Algo ya inalcanzable para los artistas modernos, quienes nunca logran la perfección y armonía de los maestros clásicos, no por falta de habilidad, ni porque la mayor parte de su conocimiento se haya perdido, sino porque a partir del siglo XX el arte se ha visto demasiado influenciado por la fotografía. Además de que el arte por el arte, ha hecho que se agoten a sí mismos en una búsqueda inútil, mientras la pintura figurativa ha devenido en un arte menor. Siendo así, los realistas modernos pueden tratar de imitar la realidad y llegar a un hiperrealismo excelente, incluso en temas de fantasía, pero no ir más allá. La calidad de sus obras es engañosa y siempre remite a la fotografía. Ya no pintan el mundo, sino la sombra fotografiada de ese mundo.

Songbird

La ficción copia la irrealidad.

Probablemente la mayoría de las malas reseñas de Songbird (2020) provienen de gente que ha sentido sus miedos irracionales reflejados en la pantalla. Pero después de un año de absurdos, esta película puede ser vista incluso como una parodia de la situación actual (la culminación de lo que se ha venido a llamar Clown World). En el 2024 de la cinta, el virus que ha llevado a la ruina a las ciudades convirtiendo a estas en paisajes fantasmales, es extremadamente letal, una variante ahora denominada Covid–23, con una mortalidad cercana al 99%. No obstante, algunas personas son naturalmente inmunes y pueden ir de aquí para allá sin consecuencias, como en el mundo real los trabajadores esenciales, mientras la gente normal debe permanecer en estricto confinamiento en sus casas, viviendo en constante temor de ser contagiados y reduciendo todo su contacto humano a relaciones virtuales, pues incluso cada paquete que reciben y que garantiza su supervivencia ha de pasar antes por una cámara hermética (¿dónde se esconde toda la gente que hace estos productos?) El virus de la cinta es como el perfecto opuesto del de la vida real, pero sorprendentemente sus consecuencias, guardando las proporciones, son las mismas, e incluso se trata de secuestrar emocionalmente al espectador con la imagen del ama de casa que sufre por su pequeña hija, que debido a su frágil salud es más susceptible de caer enferma, aunque se nos haya dicho que casi todos mueren igual por el virus (¿entonces, cómo puede un virus tan extremadamente peligroso hacer una diferencia para nadie? Un pequeño plot hole). También se presentan otros caracteres, que son como miniaturas de aquellos sectores más beneficiados por las restricciones. Está Alexandra Daddario, la modelo y cantante que vende sus shows por Internet, mientras enseña sugestivamente su cuerpo, tendencia que ha crecido enormemente desde 2020, y los empleados de una compañía de entregas que a diferencia de Amazon, es como una empresa familiar donde todos se conocen, desde el veterano de Iraq en silla de ruedas hasta el simpático jefe negro, sin olvidar el protagonista, que recorre con libertad sobre su bicicleta los apocalípticos Los Ángeles aunque sea rastreado por GPS, y su novia virtual de origen mexicano; por supuesto no falta el corrupto agente de Sanidad, Peter Stormare, para completar el casting, muy al estilo de Michael Bay. Los actores hacen su parte, la dirección y la fotografía son de buena calidad técnica, el ritmo se mantiene a lo largo de los 84 minutos del filme, y el argumento se centra en las luchas personales por romper las reglas inhumanas, más que en tópicos científicos o generales, como hubiera pasado en Contagion (2011), por lo que no sería relevante detenerse en estos aspectos. Si el espectador no se ve indignado por las continuas violaciones de las ridículas reglas sanitarias (¡Oh no, un asintomático sin máscara! ¡Explotación inmoral de una tragedia!), o no se detiene a pensar en teorías de conspiración (¡Programación mental!) todo irá bien, y se tendrá una interesante experiencia cinematográfica, no una gran película, pero al menos una divertida pieza de entretenimiento. Solo, no hay que pensar mucho sobre el por qué. Quizás a diferencia de la cinta, en 2024 todo esto haya terminado. O a lo mejor no, y tendremos que andar con brazaletes amarillos por las calles, si tenemos suerte.

La vacuna contra Dios

El covidismo, «una pesadilla sin fin».

Alrededor de 2010 el Pentágono reveló por error un video del hombre que diez años después estaría a cargo de la virología en el mundo (luego de su experiencia con virus de computadora), el bien conocido filántropo Bill Gates. Allí Bill se veía reunido en una sala con varios funcionarios del Pentágono, entre militares y civiles, cuyas identidades estaban oscurecidas digitalmente. La iluminación era lúgubre, y al fondo varios hombres con batas de doctor blancas, se sentaban ante sus pantallas. Era un fragmento no muy largo, con numerosas interrupciones y saltos, en el cual Bill trataba de vender un nuevo tipo de arma a los militares. En el video Bill la llamaba un virus, pero el audio era deficiente y por momentos la palabra sonaba más bien a vacuna, y Bill hablaba apresurado y nervioso. La particularidad del arma era que esta producía apenas un ligero resfriado, pero luego, inadvertidamente, era capaz de alterar el comportamiento de los afectados, a través de la mutación de un gene que se encuentra fuertemente relacionado con la parte del cerebro que hace que los humanos crean en Dios. En el video Bill Gates sugería que su uso podía acabar con la guerra en Afganistán, haciendo perder la fe del enemigo.

«La vacuna contra Dios» la llamaba Bill al final del video, con una gran sonrisa. Empero, con los acontecimientos recientes del mundo, es evidente que cuando Bill decía una vacuna, en realidad se estaba refiriendo a un virus y el uso de la palabra vacuna era metafórico. Hacer esta distinción es de suma importancia ahora. Pero ya fuera un virus o una vacuna, lo que estaba vendiendo Bill Gates mataba cualquier vestigio de espiritualidad en el infectado, a un nivel genético. Es sabido que a Bill Gates le gusta la iconografía satánica, como en su famosa patente de ese pequeño chip que se hizo viral (yo fui el autor desconocido de ese meme), que tenía el número 666 grabado por todas partes. En esa ocasión, cuando un periodista le preguntó el por qué de ese número, Bill Gates desdeñó la cuestión diciendo que se trataba de «conspiraciones de neonazis». Entonces abandonó la sala de prensa y no respondió más preguntas.

De más está decir que el video de Gates con el Pentágono desapareció poco después de su publicación por error.

Mensaje anónimo encontrado en 4Chan.

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Una de las vacunas experimentales contra el SARS–CoV–2 desarrollada por AstraZeneca ha producido resultados neurológicos inesperados en una mujer con antecedentes de enfermedad mental. Pocos minutos luego de ser inyectada, la mujer ha empezado a gritar con desesperación: «¡Mataron a Dios! ¡Ya no lo siento, mi alma está muerta!» El caso se encuentra bajo investigación de las autoridades médicas. También se sabe que la misma vacuna produjo recientemente una ola de muertes en Brasil (…)

Presunta noticia hallada en un foro cristiano, y etiquetada como Fake News por Fact Checkers al servicio de Silicon Valley.

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«El descubrimiento del alma»

Hace algunos años, dentro de un laboratorio de investigación de alta seguridad unos científicos que mapeaban el cerebro humano descubrieron una irregularidad, a la cual no pudieron dar explicación. No se sabe exactamente de qué se trataba (imaginen un campo de energía que flota un poco más arriba de la cabeza, como una nube esférica brillante y azul, visible con los instrumentos adecuados; un nudo de neuronas imbricado con el bulbo raquídeo; incluso un nervio muy fino que llega hasta el corazón). La irregularidad consiguió ser medida y aislada y se encontró, luego de incontables vacilaciones, que se trataba del «alma», aunque no lo dijeron directamente sino mediante un complicado término técnico. Desde luego que este conocimiento le dio al laboratorio también el poder de destruir esta alma a voluntad, de forma indolora e inadvertida. Entonces los investigadores diseñaron un cuerpo microscópico y autoreplicable, que se podía transmitir de humano a humano, y este cuerpo, bajo su apariencia de virus inocuo, lo que hacía en realidad era atacar el alma del infectado, hasta desvanecerla por completo. El infectado podía seguir con su vida normal luego de una pequeña molestia (fiebre, malestar, o dolor de cabeza, según el caso); pero ya no tenía un alma.

Se hizo un experimento limitado al respecto en una ciudad de un país no especificado. Los resultados fueron los esperados y la irregularidad consiguió ser eliminada en casi todos los casos. Pero luego los científicos descubrieron que aunque las personas habían perdido su alma, seguían comportándose prácticamente igual; con lo que su proyecto no consiguió ningún resultado apreciable. La gente no se hacía más sumisa, ni más temeraria, ni perdía o ganaba inhibiciones al perder su alma; sus acciones no cambiaban, ni siquiera su preferencia política o amorosa, o lo que querían comer esa noche.

No obstante ellos continuaron con su investigación solo con el fin de medir la propia propagación y eficiencia de su invento. Ellos no tuvieron otra opción que terminar con lo que habían empezado.

El mundo sin alma no se diferenciaba en nada del mundo con alma.

Ni siquiera los infectados eran capaces de percibir que ya no poseían un alma. Seguían usando la palabra, pero de la misma forma que un autómata podía hacerlo. Aquellos que eran religiosos continuaban asistiendo a sus iglesias y llevando a cabo sus oraciones y ritos, tal como antes. Todo era igual exteriormente; pero todas las sensaciones espirituales que sentían antes se habían ido (lo cual los investigadores habían aprendido a medir también); sin que ellos pudieran ni siquiera darse cuenta de esto. Incluso podían decir con seguridad que seguían creyendo en la otra vida, y en cosas espirituales, y realmente lo creían, pero ya los gráficos no mostraban nada.

La conclusión de los investigadores fue que la irregularidad era despreciable y no debía temerse por el uso de drogas y medicinas que tuvieran como efecto adverso atacar el bulto o zona de energía desconocida (esto nunca se describió propiamente en los informes, permaneciendo como información confidencial).

Otra característica de este virus diseñado en el laboratorio era que alteraba el ADN, y por consiguiente se esperaba que se transmitiera a las siguientes generaciones, que nacerían sin la irregularidad conocida antes como alma.

Es ignoto si el virus ha sido liberado ya.

No obstante, se cree que al cabo de los años habrán transcurrido tantos cambios en el mundo (que igual habrían sucedido sin su «descubrimiento») que la investigación de los científicos será incluso olvidada. El laboratorio yacerá bajo toneladas de escombros, las memorias electrónicas se habrán borrado, los registros escritos habrá mucho que se habrán hecho polvo.

Y ya nadie tendrá alma, ni tampoco estos sueños.

Texto de origen desconocido.

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—Nunca he creído en Dios ni en nada de eso, pero esta mañana desperté con un sueño muy vívido, como una visión. Por eso lo cuento ahora, he oído decir que si uno cuenta el sueño tan pronto despierta ya no lo olvida; y hoy salí temprano.

»Era un futuro cercano, 2025 o 2030. Millones de personas habían desaparecido y yo escuchaba a la gente hablar de eso, pero no podía entender si habían muerto o se los habían llevado a alguna parte. Luego me di cuenta de que los alienígenas habían hecho contacto con el gobierno de la Tierra. Eran de los que llaman en las películas «grises», y habían diseñado un chip híbrido biológico para ser implantado en los humanos, de modo que acelerara nuestra evolución y nos diera telepatía y otros poderes; y nos privara también de nuestros instintos primitivos (racismo, tribalismo, agresividad, emociones, etc.) Todos estaban de acuerdo en que esto era bueno. De pronto las ciudades estaban en silencio y calmadas y nadie hablaba con nadie, ni siquiera dentro de sus propias casas. Yo le preguntaba a todos qué estaba pasando, pero nadie respondía.

»Las personas ricas se encontraban subiendo sus cerebros a servidores de modo que pudieran escapar del Apocalipsis. Había un sentimiento general de desesperanza y vacío. Los que accedieron al chip estaban interiormente sufriendo de un dolor intenso e infernal, aunque por fuera parecieran normales. Lo supe porque al final yo también fui implantado; y no hacía sino pensar en toda la paz y serenidad que nos habían prometido, mientras no sentía sino ese terrible dolor como si alguien hubiera vendido mi alma. No había escapatoria, y recordé el rostro de Jesús en la iglesia y quise volver a ser un niño y entrar con mis padres en el templo y cantar los Salmos, pero entonces me vi rodeado de oficiales del gobierno de la Tierra y de grises, y ver a sus ojos era como ver a demonios, con dientes pequeños y afilados. Y yo supe que ellos estaban detrás de todos los asesinatos y violaciones de niños, y que todo lo que habían hecho los globalistas en mi vida era con el objeto de llegar a ese momento, el Fin de los Tiempos… Entonces creo que antes de entrar al trabajo voy a pasar por una iglesia… Toma lo que te digo como quieras…

Fragmento de una conversación registrada por un dispositivo de espionaje electrónico a mediados de 2020.